Portavozas y portabozales

La violencia de género y la igualdad social entre hombres y mujeres son temas suficientemente importantes para tomárnoslos en serio. Como padre de dos niñas (y un chico) que soy, me preocupa enormemente que los tres puedan vivir sus vidas en igualdad de condiciones, con plena libertad y sin limitaciones impuestas por motivos de su sexualidad.

La pena es que una parte muy activa de la camarilla política actual ha escogido esta materia como arma demagógica de agitación masiva y tratan de hacer apología de sus intereses una y otra vez, cayendo con frecuencia en el más absoluto de los ridículos.

Semejantes ocurrencias descerebradas causan mofa, pena, pesar e incluso hartazgo, perjudicando claramente los auténticos propósitos y motivaciones de dignidad e igualdad humanas (no solo por sexos, también por edad y por procedencia, por ejemplo) que casi todos compartidos.

¿La última boutade en esta línea? Irene Montero, portavoz de Unidos Podemos en el Congreso, no solo utilizó, sino que también defendió y recomendó, el uso del palabro portavoza para dar visibilidad a la mujer. Más allá de pegarle una patada en las entrañas a nuestro diccionario, al idioma español (que no solo se habla dentro de nuestras fronteras), ¿de verdad crees que lo ha hecho?

Según la RAE, portavoz es un sustantivo común que vale tanto para el masculino como para el femenino. Por si fuera poco, es un palabra compuesta formada por porta y voz, este último término femenino: la voz (jamás el voz). Y, para más inri, para los más avispados, su plural también es neutro: voces, sin ese final acabado en -os que parece dar alergia a muchas activistas y activistos. Vamos, un auténtico disparate dialéctico y verbal se mire como se mire.

Y, dado que nos guste o no, la calidad de nuestro lenguaje influye y determina la calidad de nuestro pensamiento, así nos está yendo…

Desde el miembros y miembras de la exministra socialista Bibiana Aido no nos habíamos topado, pese a los muchos esfuerzos realizados hasta por ahora por no pocos ideólogos y seguidores, con un trullo lingüístico tan calamitoso como este.

No voy a entrar de nuevo en el cuerpo a cuerpo de criticar estos usos aberrantes, e interesados, de nuestro idioma. Es una suerte de golpe de estado que algunos, que se creen en posesión de la verdad y la bondad ideológicas, pretenden imponernos. Para qué, si hablamos otro idioma…

Ahora bien, al menos pido coherencia. Irene y compañía: si queréis ser, de verdad, ejemplo e inspiración en este supuesto caballo de batalla que abrazáis—en mi modesta opinión, tan famélico como desbocado—, empezad por los cimientos. ¿Cuándo vais a cambiar el nombre machista, que no da visibilidad a la mujer, de vuestro partido? Unidos Podemos debería convertirse en Unidos y Unidas Podemos y Podemas.

Si no, da la sensación de que lo que vale para unos no sirve para otros. Ni para otras.

 

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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