Un pasito p’alante, Carmena

Parece mentira. Que en pleno siglo XXI los políticos de turno se dediquen a regular aspectos tan domésticos como el sentido del tránsito de los peatones. Es lo que ha ocurrido en Madrid, donde las calles Preciados y Carmen, que desembocan en la Puerta del Sol, han sido reguladas para que los viandantes circulen solo en un único sentido. Si no lo hacen, advertencia… ¡o multa al canto!

La nueva medida, además de la confusión y la perplejidad evidentes, ha generado molestias e inconvenientes difícilmente justificables. Así, por citar un caso real, a una anciana con evidentes problemas de movilidad le fue denegado el permiso para ir a contracorriente y tuvo que realizar un interminable y sufrido desplazamiento para adaptarse a la norma, pese a que su destino se hallaba a apenas unos metros de distancia en línea recta.

Algunos justifican la medida de Manuela Carmena alegando motivos de seguridad y bienestar en los trayectos, pero… ¿de verdad es necesario? Esta decisión consistorial choca con dos ideas políticas que, aparentemente, son incuestionables: que los políticos están para solucionarnos los problemas, no para crearlos; y que los partidos progresistas aseguran defender unos mayores niveles de libertad social, y no al contrario. En fin, Serafín, vivimos una época de cambios… que no nos merecemos.

Lógicamente, la picaresca y la chanza nacionales se han desbocado al hilo de esta prohibición de caminar libremente por las calles de la capital de España. ¿Puedo andar de espaldas, marcha atrás? ¿Qué pasa si tengo tortícolis y llevo el cuello girado, mirando hacia otro lado? Si soy obsesivo compulsivo y tengo que dar tres pasos adelante y uno hacia atrás, por ejemplo, ¿debo estar cambiando permanentemente de calle? Si llevo zapatillas infantiles de esas que incorporan una rueda, ¿puedo considerarme tráfico rodado y circular por donde quiera, según vaya de puntillas o apoyando los talones? Me imagino el papelón de los policías locales al regular el flujo peatonal de esas arterias, mientras se ciscan en las muelas de Carmena la Ocurrente.

Si no paramos esto a tiempo, nos veo a todos examinándonos para obtener el carné de peatones y saliendo a la calle con una gran ele en la espalda mientras estamos de prácticas.

En cualquier caso, se acabaron los encuentros callejeros con nuestros conocidos. Ya no podremos cruzarnos con ellos. Si acaso, podremos verlos al adelantarlos, pero no está muy claro si, en esta maniobra, está permitido detenerse a charlar con ellos, como se ha hecho siempre. Lo que nos faltaba, más incomunicación si cabe…

Y, ya puestos, os dejo aquí algunas ideas peregrinas adicionales para esta estirpe de políticos que siempre se concentra en lo realmente importante. Propongo la obligatoriedad de lucir chándal y deportivas los viernes por la tarde, para difundir las bondades de la vida activa. También se puede prohibir comer chicle de menta con la boca abierta, usar lentillas los días pares, comprar combustible los impares, los tonos de los móviles los fines de semana y el uso de preservativos, por ejemplo, tras la jubilación. ¿Por qué? Cualquier razón es buena, ya se les ocurrirá alguna argumentación a nuestros mandamases y politólogos de turno.

No puedo evitar, al pensar en estos hechos, recordar la canción noventera de Ricky Martin: Un, dos, tres, un pasito p’alante, María; un, dos, tres, un pasito p’atrás.

Pues eso, Carmena. Un pasito p’atrás.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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