Fin de Feria en Zaragoza

Se acabó. Concluyó la Feria del Libro de Zaragoza 2017, la más innovadora y diferente de los últimos tiempos. Situada en un nuevo emplazamiento y reducida su duración a cuatro días y medio, es el momento de las valoraciones, los balances y los datos. Las danzas antilluvia no funcionaron durante el fin de semana, y la presencia del agua fue incluso mayor que la del público, lo que deslució enormemente la fiesta cultural que es esta Feria.

Hay un conflicto de intereses ancestral, y reiterado, entre libreros y editores a la hora de diseñar este evento. Una larga duración perjudica a los primeros, que deben duplicar sus puntos de venta y hacer un esfuerzo extra en personal para atender ambos espacios. Por eso ellos prefieren una feria corta y muy intensa, concentrada en un fin de semana único y sin demasiados —o ninguno— días laborables. Los editores, por su parte, desean aprovechar ese escaparate único que supone mostrar al público sus libros directamente, sin intermediarios y sin el contrapeso de las campañas de marketing de las grandes editoriales que llenan los lineales y arrinconan tantos buenos libros. Se quejan estos, sobre todo las editoriales más modestas y no siempre sin razón, que los lectores no encuentran sus libros en las librerías… ni cuando los buscan. Desde luego, no hay mejor campaña para ellos que nueve días —o todos los posibles— de contacto con el público enseñándoles sus obras. Las dos partes tienen su razón, pero el conflicto de intereses es complejo.

Y en medio estamos los autores, con voz pero con muy poquito voto. Que entendemos ambos razonamientos y deseamos firmar el mayor número posible de nuestros ejemplares, no tanto por vender como por conquistar lectores, ganar voluntades y enganchar a nuestra causa literaria a todo aquel que quiera.

¿Que cómo ha ido la Feria, así, en abstracto? Tras su reducción a cuatro días y medio, y con un único fin de semana que salió doblemente tormentoso, los datos no han sido muy buenos. Más bien lo contrario. Ahora bien, no todo han sido sombras. Si bien estoy convencido de que, para evitar estos disgustos —más que previsibles en el mes de junio zaragozano—, la Feria debe durar dos fines de semana, de manera que uno de ellos pueda compensar el mal tiempo del otro; no tengo tan claro el asunto de la ubicación. El agua me impide posicionarme aún a este respecto. El paseo de la Independencia tiene sus ventajas, sobre todo la notoriedad —por ser zona de paso permanente— y la proximidad de los porches. Pero la plaza del Pilar ha demostrado su encanto. Las casetas están más juntas y la sensación, por ello, es más agradable. Las carpas de actividades se integran en la Feria con naturalidad, integradoras, y este emblemático lugar permite llegar a un público distinto, no siempre interesado pero interesante: los turistas forasteros.

Así que no voy a mojarme a este respecto, ya me mojé el sábado y el domingo con las trombas de agua, prefiero esperar un poco más a nuevas ediciones antes de pronunciarme.

Mi experiencia personal en la Feria

En cuanto a cómo me ha ido a mí la Feria, visto lo visto estoy contento. Firmé más de 100 ejemplares de mis obras —la mayoría, sobre el 70 %, de mi novela nueva: Desde las entrañas, charlé con mis lectores y con algunos amigos, saludé a mis incondicionales y recibí diversas valoraciones más que positivas de los más adelantados, los que ya están devorando mi thriller recién sacado del horno. Aunque ninguna fue tan impactante como el wasap que recibí el sábado siguiente a la presentación, por la noche, cuando me informaron de una plusmarca personal que difícilmente va a ser batida: una lectora se leyó Desde las entrañas de tirón, en ese único día… ¡en 11 horas y 17 minutos!, descansando únicamente para comer y en alguna que otra parada técnica más. (Ya me entendéis). Vamos, que la ha enganchado ya veis de qué manera. ¡¡¡Estoy entusiasmado!!! A ver si cunde el ejemplo

También compartí buenos momentos con algunos de mis libreros favoritos (César y Pablo de París, Marta y Adriana de Fontibre-Troa, Ángel de Fnac, Manuel de Albareda y las chicas de Casa del Libro, entre otros), hablé con editores y compartí firmas con colegas como José Luis Corral, Pepe Serrano, Chesús Yuste, Fernando Jiménez Ocaña y, un auténtico descubrimiento personal, el encantador Raúl Gay, autor de Retrón, un libro sobre discapacidad lleno de humor y de sinceridad, que acabo de empezar y me tiene entusiasmado.

En resumen, un año más, nuestra Feria tiene un color especial. Es un evento que, entre todos, tenemos que cuidar. Una ocasión insuperable para crear lectores, potenciar la cultura y disfrutar de la literatura en primera persona.

Y este sábado firmaré en la Feria del Libro de Madrid, que es como la Champions de los Libros. Un referente en el que, desde Zaragoza, tal vez deberíamos fijarnos de reojo un poco más para mejorar la nuestra.

 

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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