Nuestros jóvenes cachorros

El martes pasado acudí al zaragozano instituto Virgen del Pilar para impartir tres clases consecutivas a sus alumnos de 2º de Bachillerato, dentro de la asignatura de Lengua y orientadas a poner en valor la importancia de la comunicación —profesional y personal—en nuestras vidas. Además, procuré mostrarles cómo es el proceso creador de textos desde dentro —el trabajo del autor—, con el fin de prepararlos mejor de cara a la prueba de comentario de texto incluida en el examen de acceso a la universidad; el cual, un buen número de ellos, tendrán que superar en solo un par de meses.

Sus profesores habían escogido tres de mis artículos de opinión y los habían animado a trabajarlos. Así, el grupo de ciencias leyó Nos colocan orejeras, que aborda la vital importancia que actualmente ha adquirido el sentido crítico, ante la masificación de informaciones, opiniones e intereses espurios que nos rodean. Los alumnos de mixtas, por su parte, trabajaron el artículo ¿Por qué no te amas?, que profundiza en la necesidad de conocernos y querernos, con comprensión y exigencia. Por último, en la tercera aula —la de letras— hablamos sobre mi texto El peligro de los hijos chicle, que alerta sobre el tremendo error de socialización que estamos cometiendo: la permisividad y la sobreprotección están provocando la aparición de generaciones cada vez más débiles, dependientes y sin iniciativa.

Como siempre ocurre en estos casos, resultó una mañana enormemente instructiva. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Ojalá yo también, de alguna forma, les haya correspondido en este aspecto. Dar clase a jóvenes adolescentes, lo recuerdo bien de mi época docente, rejuvenece. Porque ellos te acercan al porvenir a través de sus preguntas, actitudes, inquietudes, reacciones e intereses. Y porque te obliga a actualizar tus conocimientos para mostrárselos de un modo fresco y convincente.

Esta hornada de cachorros no es mejor ni peor que las pretéritas. Ni siquiera es, en esencia, diferente. Si buceamos en nuestra memoria, sus comportamientos son actualizaciones 2.0 de lo que nosotros hacíamos. También éramos ilusos, egoístones, descontrolados, perezosos, irreflexivos, prepotentes, inseguros, hedonistas… y un poquito crápulas. Pero los jóvenes, además, siempre son animosos, solidarios, puros, frescos, inconformistas, renovadores y potencialmente valiosos. Constituyen un imprevisible cóctel de emociones y binomios contrapuestos, con sus virtudes y defectos, pero con mucho bueno y necesario que aportarnos. Ellos son nuestro futuro: tienen toda la vida por delante. Aunque a menudo se despistan, se confunden, y olvidan que el futuro empezó ayer, porque el presente es el único camino que nos conduce hacia él.

Las redes peligrosas

También son inconscientes estos jóvenes. Tal vez demasiado, sobre todo en lo referente a las redes sociales. Les sorprende a casi todos que aquellas intimidades que están colgando en sus muros o perfiles —y que jamás desaparecerán de allí— pueden volverse en su contra. Les da rabia saber que un buen número de empresas dispondrán de detectives digitales para rastrear, por medio de internet, las biografías de los candidatos a sus puestos de trabajo. Su reacción instintiva es protestar, quejarse; pero, cuando les animas a pensar con empatía, entienden lo que ocurre. Ellos son nativos digitales: han crecido y evolucionado junto a estas tecnologías. Pero la sociedad, como conjunto, estamos en pañales todavía en este aspecto.

Así, tienen la peligrosa sensación de que “solo es quien aparece en la Red”. Se des-viven por los gustas, los likes, los okey y el aumento de sus seguidores. “Me ven, luego existo”, es la nueva máxima que aplican generalizadamente, reconviniendo a Descartes.

¿Y la impaciencia que muestran? ¿La urgencia de sentir, solo, ya mismo? ¿Su intransigencia con la pausa? Creo que es también consecuencia de estos tiempos. Es una pequeña tontería la que tomaré de ejemplo, pero me parece extremadamente descriptiva. Han adquirido la costumbre de saltarse el silencio entre canciones. ¿No os ha llamado la atención? En cuanto el cantante pronuncia la última palabra de su tema, aprietan el botón y pasan a la próxima. No son capaces de esperar ni siquiera esos escasos segundos de tránsito. ¡La inmediatez los acucia! No tienen paciencia… ni creen que es importante.

Con todo, soy optimista al respecto. Estos chicos también tienen madera. Acabarán guiando con acierto nuestra sociedad, ocupando puestos de responsabilidad y convertidos en los pilares insustituibles de nuestra realidad.

Recordad permanentemente que el futuro es vuestro… pero tenéis que modelarlo, y merecerlo, en el presente.

Así que, si nos vemos el próximo 25 de mayo en la presentación de mi novela Desde las entrañas, en El Corte Inglés de Independencia de nuestra Zaragoza, no os vayáis sin saludarme. No os invité a acudir por cortesía. Yo creo en vosotros. No dejéis de hacerlo nunca.

Anuncios

Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
Esta entrada fue publicada en Actualidad y opinión y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s