Patada a seguir

La última campaña de su equipo había sido extraordinaria. La ciudad era agradable y cómoda para vivir, había terminado como titular indiscutible, se había ganado la admiración de sus compañeros y la afición lo idolatraba. Era un referente para todos. Guapo, sexy, seductor y telegénico, rompía corazones entre las féminas de todas las edades. Se había convertido en un futbolista deslumbrante con tres años de contrato y gran éxito en sus botas. Cualquier profesional habría firmado aquella situación. Todo era perfecto. Excepto que él… quería irse.

Don Dinero, poderoso caballero, y Lady Ambición, peligrosa compañera, se habían cruzado en su camino con una oferta irrechazable, mareante, de un club de relumbrón internacional al que nunca le había tenido ninguna simpatía pero que ahora, con el contrato redactado colocado delante de sus ojos, se había convertido en el equipo de su vida.

─Entrenador, compréndalo, es una oportunidad extraordinaria: debo irme. Usted lo sabe, cuando un jugador quiere marcharse, lo mejor para todos es alcanzar un acuerdo ─trató de convencer por enésima vez a su entrenador, que se había negado en banda a permitir la operación salida de una figura tan emblemática como clave en sus planteamientos tácticos.

─Ni hablar. Tienes contrato. Esta temporada lo cumples sí o sí y, el año que viene, ya veremos.

Tu puta madre, farfulló entre dientes viéndolo marchar, con su avance cojitranco tan característico, en dirección al césped, donde sus compañeros aguardaban el inicio de la ejercitación. Aquel crack de nuevo cuño no estaba dispuesto a renunciar a su futuro próximo, las oportunidades como aquella solo se presentan una vez y hay que agarrarlas por los cuernos.

Tampoco su representante tuvo más fortuna al dialogar con el director deportivo:

─No cederemos ni un céntimo ─le contestó─, el entrenador es implacable. No vamos a ponernos a la afición en contra sin su consentimiento. Tendréis que abonar la cláusula de rescisión o seguirá con nosotros. No hay más que hablar, tema cerrado, el mister no lo admite.

La concha de tu madre, le espetó el ejecutivo bonaerense cuando el otro ya no podía oírlo.

Y, esa misma noche, reunido con su pupilo de oro hasta la madrugada, pergeñaron la estrategia a seguir para alcanzar su objetivo.

Al día siguiente el jugador no se ejercitó. Alegó molestias musculares, sin más explicaciones, cuando los preparadores, primero, y el fisioterapeuta, después, le preguntaron por qué no se cambiaba. Y así un día tras otro, sin que la cara se le cayera de vergüenza ni las suspicacias de los periodistas, convertidas en grandes titulares, le hicieran mella.

─Cabrón, me estás echando un pulso que no vas a ganar ─le dijo el entrenador al cabo de seis días de parón, alzando la voz en su despacho─. Por mis cojones que vas a seguir esta temporada aquí, aunque tú y yo tengamos que perder el año. Para chulo, mi pirulo.

Volvió a ciscarse en su progenitora. Pero no desesperó. A la salida del entrenamiento la casualidad le mostró el camino que debía seguir. El entrenador tenía una hija de buen ver que acababa de cumplir dieciocho años… y había ido a recogerlo. Él tenía veintinueve y una vida amorosa frívola y fecunda, por todos conocida. La chica era infantil, superficial e influenciable, y siempre había demostrado una predilección jamás disimulada por ese futbolista tan apuesto.

La sedujo fácilmente. Para derretir su corazón le bastó con hacerse el encontradizo un par de veces y pronunciar las alabanzas que cualquier jovencita en su situación querría haber oído. Se enrollaron en el reservado privado de una conocida discoteca.

─Te llamaré un día de estos para que vengas a mi chalé ─le dijo en su Ferrari, mientras la llevaba hasta su casa después de una sesión de besos y pasiones que la chavala nunca olvidaría─. Quizás seamos novios, me gustas mucho. Díselo a tu padre, le va a hacer ilusión…

Tal como pensaba, esa misma tarde el entrenador lo convocó en su despacho:

─Eres un pedazo de cabrón y no vas a joderme ─le dijo─. ¿Qué coño estás haciendo? Mi hija es una cría, no voy a consentir que le hagas daño. ¡Aléjate de ella!

─Si usted me lo permite, claro ─respondió el futbolista con inquina─. A mí me gustaría irme de la ciudad, ya lo sabe, pero si no me deja tal vez tendré que echar raíces… con su hija.

─¡Fuera de mi vista, hijo de puta! ─perdió la paciencia y, definitivamente, las maneras.

Pero el preparador reflexionó al llegar a casa, claro que lo hizo. Su hija se estaba maquillando más que nunca, lucía un vestido demasiado ajustado y había un brillo inconfundible en su mirada que lo asustó profundamente.

Llamó en primer lugar al director deportivo, que se sorprendió al oírle decir que no quería al crack en esas condiciones, sin compromiso y con ganas de tocarnos los huevos a todos:

─Quiero que se vaya. Mañana mismo, si es posible ─afianzó su determinación.

Después lo telefoneó a él:

─¡Estás fuera! ─le dijo─. Llámala y dile que no vaya.

El disgusto le costó a la niña algunas lágrimas, pero muchas menos de las que le hubiera producido prolongar la situación.

El jugador se fue contento, con muchos más ceros en su cuenta corriente y una historia oculta que nunca le contaría a nadie, excepto a su eufórico representante.

De todos es sabido que los futbolistas terminan jugando donde quieren. Es una máxima que siempre se demuestra… de múltiples maneras.

____________________________________________

Relato publicado en Aragón Deportivo, nº 152, 05.03.17

Descárgate la revista completa: www.seguimos.net/revistas

Anuncios

Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
Esta entrada fue publicada en Real Zaragoza / Fútbol y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s