Criminales en serie (Morella Negra: episodio 2)

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Hoy voy a hacer un repaso a algunas de las series internacionales de televisión más recomendables, o significativas, del panorama actual. Siguiendo con la contracrónica de mi participación en el evento gastro-literario Morella Negra con la Trufa, pretendo aprovechar las notas que tomé durante la mesa de diálogo Series negras, que tuvo lugar el sábado 18 y en la que participaron Laura González —como moderadora—, el escritor Nacho Cabana y el especialista Carlos Digon. Además de leer este post, os recomiendo localizar en el Facebook de la organización la charla íntegra, para aprender mucho más.

img_8401Una de las ideas reflejadas de inicio en este encuentro, que comparto por completo, es la dificultad que implica crear y evolucionar un personaje, o una trama, sin saber  cuántos episodios y temporadas va a durar la historia. Este es el reto al que se enfrentan los creadores de la mayoría de las mejores series televisivas, los cuales no siempre son capaces de resolverlo con acierto. ¿Cuántas y cuántas series se han prolongado tantísimo que han llegado a autodestruirse? Otra evidente limitación con la que deben enfrentarse es que, hasta el último episodio, nadie espera que se desvele el desenlace (en realidad, no puede ser de otra manera), lo que reduce el factor sorpresa de un modo inevitable. Como espectadores que somos, una alternativa útil es intentar no saber qué duración tiene la serie hasta habernos encontrado, de golpe, con el último capítulo. Pero, claro, no siempre es posible.

narcos-noticia-799798En fin, vamos a la faena. Y empezamos hablando de las narcoseries, muy en boga ahora gracias a la popularidad mediática de Narcos y al éxito incuestionable, sostenido en el tiempo, de Breaking Bad. Como el nombre de la categoría indica, son historias de narcotraficantes. Para muchos, Breaking Bad es la mejor serie de la historia. Su protagonista ha sabido evolucionar guion tras guion, sorprendiendo a los espectadores y protagonizando escenas inolvidables sin perder, nunca el pulso excepcional de la ficción. Según los protagonistas de esta evento, el penúltimo episodio de la última temporada es, sencillamente, magistral. Debo decir que mi hijo Diego es un incondicional de esta serie que a mí, todavía, no ha conseguido engancharme. La tengo en lista de espera, a ver si algún día me decido a hincarle el diente.

En cuanto a Narcos, quizá su punto débil radica en la elección del protagonista, no porque sea un mal actor, que no lo es, sino porque es brasileño. Y lo que, lógicamente, pasa desapercibido en la versión en inglés, produce extraños acentos cariocas —en vez de colombianos— en este Pablo Escobar de la ficción que a nosotros, los hispanohablantes, nos llaman la atención. Porque, todo sea dicho, la serie refleja la vida ficcionada de este narcotraficante legendario; aunque, eso sí, con un cierto aire chauvinista que convierte a la DEA norteamericana en la gran heroína de la lucha antidroga mundial.

El siguiente apartado tratado fueron las series de mafiosos, entre las que se destacó un nombre propio: Los Soprano. Sin duda, el gran acierto de esta producción no es tanto la figura de Tony Soprano como inmisericorde profesional de la delincuencia organizada, devastador y cruel como otros muchos, sino sus relaciones familiares en un hogar en el que apenas pincha ni corta frente a su mujer y sus hijos. Es una propuesta muy recomendable, os lo aseguro.

A continuación se habló de las series de corrupción política, citando House of Cards, la historia de un psicópata político que ha cautivado a expresidentes norteamericanos como Obama y Bill Clinton, y podría ser descrita como el reverso oscuro de otra serie mítica: El ala oeste de la Casa Blanca.

Desde Escandinavia están llegando hasta nosotros, al rebufo de las novelas negras exitosas, las que se conocen como nordic noir (series negras nórdicas), capaces de fusionar la nieve y los personajes fríos con los crímenes más cruentos. El máximo exponente hoy en día es The bridge (El puente), que arranca con el descubrimiento de un cadáver justo en la mitad de la frontera suecodanesa. Partiendo de este hecho se narran dos formas distintas de abordar una investigación criminal, según cada país, y se impulsa un estimulante análisis social e individual de sus protagonistas y escenarios. Menos lograda resulta la versión estadounidense, que utiliza el mismo planteamiento pero localizando el cadáver entre Estados Unidos y México.

Tradicionales como pocas son las series de investigación, del tipo enigma o ¿quién lo hizo?, cuyo mejor representante actual podría ser Sherlock, basada en un personaje evidentemente gastado que se ha sabido actualizar, en ella, sin sacrificar su esencia. La calidad de esta serie se basa, sobre todo, en el lanzamiento de minitemporadas (solo tres capítulos al año) que se producen con un exquisito cuidado… y muchísimo tiempo. Por su parte, la versión americana, Elementary, no ha logrado los mismos niveles de calidad y solvencia que su referente.

Otra variedad de series televisivas negras la constituyen las de superhéroes… negros, entre las cuales los ponentes se habló de Jessica Jones —para la que ambos compartían criterios diferentes— y Daredevil. A mí este tipo de historias nunca me han atraído demasiado, pero, tras ver el tráiler proyectado, debo reconocer que la primera me despertó  el gusanillo de verla. Tal vez cuando tenga tiempo libre… o me haya jubilado.

img_8402En cuanto a las series de psicópatas y asesinos ejemplares, los dos referentes mencionados fueron Hannibal y Dexter. Respecto a esta última, que a mí me gusta mucho, cabe destacar que el protagonista es un psicópata encantador que conquista nuestro corazón porque, temporada tras temporada, va descubriendo aspectos de su faceta, cada vez más, humana. ¡Cómo será que terminamos deseando que le salgan bien todos sus crímenes!

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The wire (Bajo escucha) fue el asunto central del último apartado tratado: las series de policías. Se trata de una propuesta atípica, para iniciados, pues se basa en un enfoque procedimental que refleja con exactitud el día a día de los policías de Baltimore (EE. UU.). La pasión, casi veneración, con la que Carlos Digon defendió esta obra maestra televisiva: “realista, capaz de reflejar como ninguna las dificultades que cualquier poli tiene para hacer su trabajo”, fue contrarrestada por el escritor Nacho Cabana, que aseguró que “siempre será más interesante un tiroteo que un atestado”, porque la burocracia jamás puede ser dramática.

Durante la cena, esa misma noche, coincidí en la mesa con Carlos Digon, con quien también hablamos de otras de mis series favoritas actualesVikingos y The Walking Dead, ambas pertenecientes a géneros distintos, pero que, modestamente, también os recomiendo no perderos.

 

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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