Yo fui fan de Elena Francis

vintage radio and records

El consultorio sentimental radiofónico de Elena Francis forma parte de mi infancia. Mi abuela Carmen siempre vivió con nosotros. Cuando yo era una lentejita en el vientre de mi madre, murió su esposo —mi abuelo— y, desde entonces, compartimos casa. Era una mujer encantadora, con una tendencia natural a la lectura, la prudencia y la calma. Por las tardes, los días que cosía o planchaba, encendía su transistor y escuchaba este programa, mientras yo me comía mi merienda —entonces aún no eran bocatas— de pan con chocolate o chorizo y queso, hacía los deberes, leía un tebeo o dibujaba alguna de las láminas que ella misma me compraba.

maruja-fdezYo me reía del programa. Recuerdo haberle dicho a mi abuela que la tal Elena Francis era un hombre con bigote —y creo que fallé, solo, en la segunda parte—; pero en la intimidad de mis tareas, debo reconocerlo, yo también hacía oreja. Escuchaba las historias de maltratos, delitos ocultos, embarazos no deseados, amores prohibidos, relatos de homosexualidad silenciada, dramas tormentosos y todo aquello que los oyentes —casi siempre, las oyentes— relataban en busca del salvador asesoramiento de aquella mujer  sabia y comprensiva. Es verdad, algunas de aquellas historias resultaban rancias y retrógradas, como lo eran casi siempre los consejos que la tal señora Francis ofrecía, propios de la época: “¡Aguante!”, “Trate bien a su esposo para que no tenga que buscar fuera lo que no encuentra en su casa” o “Téngale preparada una buena cena cuando llegue”.

soto-kkmb-620x349abcEl programa se emitió desde los años cincuenta hasta principios de los ochenta. La locutora Maruja Fernández, con su voz de terciopelo, daba vida a los textos que los guionistas preparaban a partir de las cartas, amparadas en el anonimato, recibidas. Uno de ellos, el periodista y escritor Juan Soto Viñolo —autor también de varias biografías “de culto”, como las de Manolete, Paquirrín, Lola Flores y Rocío Jurado—, acaba de morir hace unos días.

Algunas mujeres hechas y derechas, hoy en día, aseguran que los consejos machistas, reaccionarios y rancios de aquel programa espolearon en ellas sus anhelos feministas. Yo, lógicamente, lo viví de otra manera. He de reconocerlo: de vez en cuando me enganchaba a aquellas historias humanas, a aquellos gritos de angustia y soledad en busca de consuelo, a aquellas manifestaciones de desazón y tormento firmadas por una “Géminis perdida”, “Esposa y madre” o “Esta que la escucha”.

gran-hermano-vip-4Es cierto que aquellos problemas, y las soluciones ofrecidas, se envolvían con el celofán casposo de la época. Ahora somos mucho más civilizados, más modernos, más cool y equilibrados. Elena Francis, y sus guionistas con o sin bigote, cautivaron a cientos de miles de oyentes. Pero hoy, afortunadamente, la vida ha evolucionado. Ahora vemos a Belén Esteban en televisión sentando cátedra sobre cualquier tema, a presentadores y colaboradores discutiendo sobre la paternidad de adolescentes, a individuos de muy poco nivel mintiéndole a un polígrafo en directo sin que la cara se les caiga de vergüenza. Hoy presenciamos programas de telerrealidad en los que no necesitamos escuchar cartas redactadas para saber quién es quién, pues podemos ver cómo se comportan veinticuatro horas al día. Los guionistas —ellos y ellas ahora— idean zancadillas, obstáculos y situaciones límite para sacar lo peor de cada concursante. Y, luego, los opinadores profesionales juzgan, categorizan, etiquetan y aconsejan sobre lo que está mal y bien de cada comportamiento y personaje.

Todo esto no es el consultorio sentimental de Elena Francis, pero se le parece mucho más de lo que nos creemos. Vivimos en la sociedad del exhibicionismo: si no te ven, no existes. ¿Y nuestros herederos? Ellos publican fotos y se graban vídeos para que cualquiera se posicione u opine sobre ellos, mientras siguen a influencers y youtubers —quienes solo se distinguen de ellos por la notoriedad que han adquirido— que les cuentan lo que hicieron cuando se les rompió una uña o cómo enamoraron a doscientos ligues en solo unas semanas. Es también bastante rancio todo esto, aunque de un modo distinto.

Vamos, que no me importa aceptarlo: yo también fui fan de Elena Francis. Como tantos.

Así estamos ahora.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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