¡Nos colocan orejeras!

Sleigh ride

El diálogo debe ser una investigación de la verdad. Una búsqueda de la realidad a dos, tres o más bandas en la que cada interlocutor aporta sus conocimientos, su experiencia y su sensibilidad para ilustrar a los demás y contribuir al avance intelectual del grupo.

En mi época de profesor universitario de oratoria, cuando hablábamos sobre la responsabilidad del orador de enriquecer a su auditorio, resultaba inevitable abordar el tema filosófico de la Verdad. A aquellos veinteañeros les sorprendía descubrir que esta existe, es en sí misma, con independencia de que la conozcamos o no. La Tierra giraba alrededor del Sol antes de que Copérnico elaborara su teoría heliocéntrica, solo que la humanidad no lo sabía. Existe un Dios, o no, al margen de nuestras creencias. Lo que ocurre en la vivienda de al lado, junto a nuestra casa, es independiente de lo que tú y yo sabemos al respecto.

Es decir, si la Verdad —con mayúsculas— existe, nuestra obligación es encontrarla. Investigar, profundizar, perseguirla, tratar de desvelarla. Por eso, cuando conversamos, las partes deberían co-laborar en esa única dirección, en lugar de enrocarse en sus individualidades, sus intuiciones, sus creencias o sus opiniones, y defenderlas sin escuchar a los otros para salvaguardar su imagen, su ego y su amor propio.

Sin embargo, cuando conversamos hoy en día, es más habitual buscar aquello que refuerza nuestra postura, o el punto débil de la argumentación ajena, antes de construir algo juntos: una verdad  más solida y fiable. Así, nos escudamos en esos conceptos tan manidos e interesados de “mi” verdad o “tu” verdad para bloquear cualquier análisis profundo. En consecuencia, de opinión en opinión, vamos reduciendo nuestros conocimientos y los de los demás, pues dejamos de aprender y considerar los hechos para centrarnos solo en las interpretaciones personales… o sociales. Y, en paralelo, va quedando anquilosada nuestra capacidad de reflexión.

A algunos caballos se les colocaban orejeras, precisamente, para impedirles ver hacia los  lados. Estos adminículos les obligaban a mirar solo hacia adelante, evitando de este modo que obtuvieran un conocimiento completo de la realidad que pudiera ocasionar, en consecuencia, una obediencia menor. Pues, bueno, no sé muy bien quién, pero así nos quieren a nosotros: con una perspectiva limitada, parcial y controlada.

Three wise monkeys or Three Mystic Apes sacred ancient iconPorque, ¿qué nos encontramos en internet y los medios de comunicación? Más de lo mismo. Se han llenado de opinadores profesionales —esos tertulianos o influencers que lo mismo saben del uñero de Rajoy que de la hipoteca de Errejón, la fimosis del hijo del cuñado del director de Gran Hermano o de los efectos de la crisis macroeconómica mundial en las Fiji—. Para colmo, las cadenas, las emisoras y los diarios se han radicalizado y “cocinan”, con tintes ideológicos, las opiniones que vierten. Las mismas voces —o caras, o tesis— se suceden en los soportes y las cabeceras de los mismos grupos periodísticos, mientras que sus contrarias se expresan a la inversa en los opuestos.

Entre todos nos intentan colocar unas orejeras que abotargan, idiotizan y radicalizan. Ya no es suficiente acudir a nuestro medio informativo favorito: hay que ir buscando fuentes complementarias y comparar los datos y los relatos que se ofrecen. Una misma noticia —un hecho idéntico— varía sustancialmente en función de qué cadena, emisora o periódico la cuenta. En plena época de la inmediatez informativa, estamos más desinformados que nunca.

Buscar, contrastar, investigar, comparar y extraer nuestras propias conclusiones es más importante que nunca. Tenemos que alimentar nuestro espíritu crítico. Frente a las verdades de laboratorio, cocinadas, subjetivas e interesadas, debemos asumir un papel protagonista como cazadores de hechos y analistas de la realidad.

marhuenda-wyoming01Librándonos de cualquier clase de orejeras mediáticas. Para ello, no bastan con oír siempre los mismos programas, leer las mismas webs ni estar cerrados a las personas y a los grupos que no piensan como yo. Tenemos que desplegar nuestra antenas más que nunca, estar pendientes de todo. Buscar todos los matices de esa Verdad que no solo está en la parte que primero vemos, sino en cada una de ellas. En la forma, en el fondo… y, por supuesto, en la esencia.

Así, debemos actuar —y pensar— en libertad y con voz propia. Escuchando con empatía, al margen de las obcecaciones, los fanatismos, los prejuicios… y las intenciones torticeras.

 

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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