¿Por qué no te amas?

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El amor es un sentimiento humano imprescindible para caminar hacia la felicidad, que se presenta en múltiples y diversas manifestaciones. Desde el amor a la pareja, a los hijos, a los padres, a los amigos o al género humano en general, hasta el amor al arte, a un club deportivo, a los animales o a una ciudad determinada. Todos ellos son fundamentales, desde luego, para encontrarnos bien y plenos de sentido. Pero hay otro amor que es, si cabe, aún más importante, porque es previo a los otros: es el amor a uno mismo.

Quien no se lleva bien consigo, lo tiene complicado. Difícilmente podrá transmitir a los demás agrado, aceptación, buen rollo, cariño, confianza y calidez quien no experimenta estos valores hacia sí mismo. Pasamos mucho, mucho tiempo sumergidos en nuestro mundo interior, autoconversando, tomando decisiones, dialogando mentalmente y conviviendo con esa persona única, original e intransferible que cada uno somos.

Ese yo interior es nuestra media naranja, nos guste o no, e influye decisivamente en lo que somos, en lo que hacemos… y en cómo nos mostramos. Si no vivimos en armonía con él, si no aceptamos cómo es, reconocemos sus puntos fuertes y sus debilidades —que son los nuestros— y los aprovechamos y las compensamos con determinación y buen ánimo, se convierte en una carga insoportable que nos impide abrirnos al mundo, disfrutar de la vida y relacionarnos con buen pie con los demás.

Todos somos imprescindibles: no hay nadie igual a ti, a mí ni a los demás. Ese es el punto de partida. No nos prives a los demás de lo que eres. Somos humanos, y por lo tanto imperfectos. Y eso es… ¡cojonudo! Porque a causa de ello todos somos imprevisibles, y en consecuencia el misterio, la intriga y la sorpresa caminan con nosotros.

La vida no siempre es sencilla, eso es cierto, pero no por ello debemos renunciar a aprovecharla. Por eso, lo primero es querernos tanto o más que a las personas a las que más queremos. Con exigencia y realismo, desde luego, pero también con la manga ancha, la confianza y el buen rollito que nos merecemos. A veces, para conseguirlo, debemos perdonarnos fallos y comprender nuestros errores. Y, otras, exigirnos responsabilidades y respuestas que no siempre nos resultan cómodas o agradables. Pero en uno y otro caso, nada queda a nuestro alcance —en términos de felicidad, satisfacción y bonhomía— si no hemos aprendido a amarnos tal y como somos. Con la humanidad y la grandeza con la que amamos a nuestros semejantes más cercanos. Con esa misma belleza.

Sjose-luis-peralesi me permitís el colofón, os sugiero un ejercicio dinamizador que, tal vez no funcione, pero que al menos resultará divertido. Recuperad en Spotify —o donde os plazca— la canción “Te quiero” del viejuno, pero entrañable, José Luis Perales. Escuchadla… cambiando los pronombres: en vez de “te”, imaginad que dice “me”. Y recordadla en vuestro interior cada vez que os haga falta. Tarareadla si queréis. Todas las parejas tienen su canción: esa puede ser la vuestra, la tuya contigo mismo.

Porque, las personas que nos aman, se sienten más amadas cuando sus amados se aman a sí mismos. Y porque tú, yo y cualquier otro ser humano no somos nada si renunciamos a ser lo que realmente somos: individuos únicos que merecen ser amados.

Yo… me amo. Como la Tierra al Sol.

Que cunda el ejemplo.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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