Las madres… y el perímetro de las albóndigas

Albóndigas

Hay muchos tipos de madres, pero ninguna es tan maravillosa como la de la cada uno. Ningún amor es tan genuino, tan auténtico, tan desinteresado y entregado como el que una madre siente por un hijo. No hay madres perfectas, en abstracto, pero sí mamás perfectas para cada uno de sus hijos, que aprenden, evolucionan, se desarrollan y progresan gracias a la entrega, la generosidad, el desprendimiento y el calor que estas les regalan.

Eso sí, cada mamá es diferente. Existen tantas clases como tipos hay de albóndigas. Unas son compactas, redonditas y pequeñas. Otras orondas, desiguales y grandiosas. Las hay acompañadas de salsa de tomate, de almendras, de bechamel, yogur, verdel o cebolleta; y, a su vez, pueden contener gran variedad de carnes, solas o mezcladas, por lo que la tipología de las albóndigas resulta, a efectos prácticos, inclasificable.

Albóndigas caserasPues, ea, así son nuestras madres. Cada una con sus cadaunadas. Con sus matices, con sus diferencias. Con sus virtudes, muchísimas, y sus pequeños defectos. Divertidas o serias, expansivas o reflexivas, emocionales o más neutras, dicharacheras, bromistas, prudentes, sensatas, calladas, torrontontones, equilibradas, ordenadas, nerviosas, activas o del carácter que sea. No hay mejores ni peores madres, todas son incomparables. Solo existen mamás estupendas para cada hijo concreto. Acabamos de decir que hay infinitas clases de albóndigas y, sin embargo, ¡qué buenas nos saben siempre cuando son caseras! Y qué poco suelen gustarnos en los restaurantes… Así ocurre con las madres. Con sus variaciones, todas las que se muestran complacientes, abnegadas, entregadas y amorosas con sus hijos, contribuyen infinitamente a su desarrollo personal, su autoconfianza, su amor propio y su equilibrio individual. Las madres son vitales. Por eso las amamos. Las adoramos. Las necesitamos. Incluso en la adolescencia, cuando saltan chispas junto a ellas, nos hacen tanto bien.

Por todo ello resulta una desgracia tan tremenda, para algunos pequeñines, topar en su infancia con una no-madre. El daño puede ser irreparable si no encuentran pronto un referente materno alternativo que les ofrezca cuanto necesitan.

No sabemos, en realidad, cuál es nuestro perímetro favorito para las albóndigas. ¿Qué importancia tiene? Pero ninguno olvidamos jamás qué buenas nos sabían cuando las comíamos en casa. Es indiferente que después probemos otras aún mejores —como las que hace nuestro esposo o nuestra esposa—, aquellas, las de nuestra niñez, siempre nos serán inolvidables.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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