El rey de los regalos

Little girl sleeping under the tree.

Si hay una noche verdaderamente mágica en el año, en la que la ilusión se convierte en la principal protagonista, es, sin duda, esta. Todos asociamos este día a nuestra infancia, recordando aquella época despreocupada —y memorable— en la que los madelmanes, las barriguitas, los scalextrics y los juegos reunidos Geyper protagonizaban nuestros anhelos y colmaban nuestras expectativas.

Ha llovido tajo —que dicen los adolescentes de ahora— desde entonces. Y, sin embargo, cuando llega esta noche recuperamos esa esencia de niños hinchados de tiempo que subyace en cada uno de nosotros y nos sentimos, de algún modo, ilusionados.

Los que hemos sido padres y tenemos hijos chiquitines por la casa, como es mi caso, vivimos de un modo aún más especial esta velada. A través del nerviosismo, la alteración, la expectación y la inocencia de nuestros pequeñines comprobamos que, en la vida, la verdadera magia procede de cada uno de nosotros. Es cierto que los medios de comunicación y las empresas nos lanzan sus flechas mercadológicas para estimular el consumo y animarnos a gastar desaforadamente, con frecuencia por encima de nuestras posibilidades. También lo es, tristemente, que algunas familias no podrán ver cumplidas sus principales esperanzas. Pero, por otra parte y hablando en positivo, nuestra solidaridad —como sociedad— está creciendo: las recogidas y los repartos de juguetes, las acciones de voluntariado y el acompañamiento a los más necesitados continúan aumentando. Y lo hacen, todavía más, en estas fechas.

En términos domésticos, y con independencia de los presentes materiales, hoy la ilusión entra en nuestras casas y eso, por sí mismo, es ya un auténtico regalo. Los niños madrugarán mañana, tras una noche de intranquilidad, ensueño y optimismo, para abrir sus regalos y será maravilloso ver dibujadas en sus rostros las sonrisas más auténticas.

Paquetes azules de regalo con lazos sobre fondo blancoRegalos que, por otra parte, resultarán más o menos ajustados a sus expectativas en función de las posibilidades de cada familia. Estos paquetes envueltos son, en realidad, mucho menos importantes que la sensación de sentirse ilusionados, valorados y partícipes de la Magia, con mayúscula, de sus Majestades Reales. ¿O acaso no lo hemos pasado en grande alguna vez con un palo, un habitáculo improvisado con mantas en un hueco de la casa o un avioncito de papel? Por eso, lo principal de mañana no es averiguar lo que los Reyes nos han dejado a cada uno. Sino compartir en familia esa ilusión, ese encanto, esos sentimientos que hacen único este día.

No te conformes con montar la casa de Peppa Pig, el caballito de madera o el circuito para coches teledirigidos de tus hijos. Lo verdaderamente extraordinario es sumarnos a la fiesta de los niños, dejarnos arrastrar por su alegría, participar de su entusiasmo y jugar, jugar, jugar con ellos.

La magia existe: días como mañana lo demuestran. Jamás como este día podemos sentirnos, con mayor razón, seres privilegiados, únicos, maravillosos. Todos somos Reyes. Todos somos Mágicos. Mañana, el mejor regalo es disfrutar de nuestra gente, contribuir a su felicidad e ilusionarnos juntos para celebrar que, al final, todo es posible.

Es tiempo de jugar, divertirnos… y seguir soñando. Porque soñar es aún más importante que ver cumplidos nuestros sueños.

Feliz día de Reyes.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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