Juguetes simplistas

ale hop!

Las personas cabales estamos de acuerdo en que la igualdad entre los sexos es positiva y la discriminación, por cualquier motivo, negativa. Pero, para mí, el concepto “igualdad” trasciende el uso ramplón que se le está dando, mediática y maniqueamente, en nuestros días. En mi opinión, consiste en tratar adecuadamente a cada uno, con los mismos derechos y obligaciones, y de una manera apropiada según sus circunstancias, características y necesidades. Hombres y mujeres, niños y niñas, somos iguales en dignidad y condición humana, pero diferentes en otras muchas cosas.

Eso de “para todos jamón” que algunos pregonan no me vale. Porque del mismo modo que en el plano gastronómico los vegetarianos y los musulmanes, por ejemplo, serían perjudicados gravemente de este modo, para el asunto de género es también un enfoque tan simplista, maniqueo e injusto como inadecuado. Por eso nunca ha acabado de gustarme lo de la discriminación positiva, de la cual se abusa en nuestros días, ya que cuando se busca y se defiende la igualdad resulta muy difícil alcanzarla promoviendo justamente lo contrario: las desigualdades.

Pero quiero ir al grano: los juguetes sexistas. Para empezar, del mismo modo que un cuchillo no es bueno ni malo en sí mismo, sino por el uso que de él se hace —no es lo mismo clavarlo por la espalda a un viandante que usarlo para repartir comida de un modo altruista—, los juguetes no son, en sí, sexistas, machistas ni hembristas. Solo más o menos apropiados. Todo depende de su uso y de la actitud con la que se utilizan. Me parece muy bien normalizar algunas preferencias y aceptar que un niño, si le gusta, pueda jugar con un kit de maquillaje o una niña corretear con un balón de rugby esquivando los placajes. Podemos evitar algunas frustraciones y desajustes emocionales dejando que cada criatura juegue a lo que quiera. Pero la excepción no debe convertirse en norma.

juegos 2Yo tengo tres hijos, de dos generaciones diferentes: dos adolescentes y una pequeñina de cinco años. Dos chicas y un chaval. Y, en mi caso, la tendencia innata al juego les ha venido inducida, en gran medida, por su personalidad… y su sexualidad. Fútbol, muñecos articulados, piratas y juegos de movimiento en el caso del varón; muñecas, bebés, cocinas, mascotas y disfraces rosas en los de sus hermanas. Y eso que las niñas, por aquello de la herencia fraternal, han tenido a su alcance los juguetes de su hermano: balones, robots, playmóbiles de policías, vikingos y vaqueros, muñecos articulados del Señor de los Anillos y todas esas cosas. Pero, salvo el ocasional interés de la pequeña por algunos coches y camiones, la realidad es que ambas siempre han preferido los mal llamados juguetes sexistas.

Alguien diría: es así porque lo aprenden. Les influimos personal, familiar y socialmente. Pienso que no, es algo innato. Cuando en Infantil participaba en los rincones, mi hijo se aburría en la cocina. Le gustaban más otros entretenimientos. No pasa nada. Es cuestión de gustos. Es verdad que es conveniente que aprenda a manejarse en la de casa —de hecho, participó en un curso de cocina hace unos años—, pero esta preferencia de juego es tan respetable como la contraria.

igualdad-1_okEsta semana escuché en la radio unas declaraciones que me alucinaron. Una especialista presentaba una campaña local de comunicación en contra de los juguetes sexistas, y proclamaba la necesidad de que los padres olvidásemos los convencionalismos y los hábitos de género al regalar los juguetes a nuestros pequeños. Ella pasaba de los gustos de los chavales: “No pasa nada por dar una barbie a un niño o una excavadora a su hermana. Al contrario, debemos hacerlo para acabar con el sexismo”. De haber ocurrido esto en mi casa, si los Reyes Magos le hubieran dejado una muñeca a Diego y un bólido a su hermana Delia, estoy seguro de que, tras la consiguiente decepción, ellos mismos hubieran intercambiado sus regalos sin entender casi nada. Porque ninguno de esos obsequios respondía a sus expectativas, sus deseos ni sus preferencias.

Los juguetes satisfacen ilusiones. Y contribuyen a la formación de nuestros niños. Otra cosa es alimentar un ambiente de juego mixto, socializador, en el que chicos y chicas aprendan a convivir, respetarse y tratarse con la debida igualdad… y el respeto a las diferencias.

Bustos de mueco con gorro

Sorprendido por sus palabras, el presentador preguntó a la experta qué ocurriría si se aplicaba esa misma práctica a la forma de vestir. Ella se quedó tan pancha: “¿Por qué no podemos vestir a nuestro hijo con una falda o un pichi rosa?”, respondió. ¡Pues anda, amiga mía, que no ha habido ejemplos clínicos de desequilibrios de personalidad en niños a los que sus padres trataron como niñas y a la inversa!

Así que, los experimentos, con gaseosa, por favor, no con nuestros hijos.

Yo creo que el sentido común, el ejemplo, el cariño y la buena voluntad son suficientes para educar en valores a nuestros peques. Que cada uno juegue a lo que quiera, con aquello que disfrute más y se lo pase mejor. Ya tendrán tiempo de soportar el control social conforme vayan creciendo.

 

Anuncios

Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
Esta entrada fue publicada en Actualidad y opinión. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s