El resto de tus días

Twisted clock face. Time concept

Ayer participé en una reunión de antiguos amigos, de esos a los que llevas tanto tiempo sin ver que se han vuelto calvos, gordos, padres o ministros y te cuentan tantas novedades que sientes que tu vida apenas ha avanzado, que los días transcurridos solo te han dejado jornadas grises o marrones, que no has logrado casi nada después de tanto esfuerzo.

Todos hemos experimentado a veces la triste sensación de no estar aprovechando nuestros días, de habernos convertido en bomberos de lo acostumbrado, en apagafuegos de la supervivencia que ven pasar las horas del mismo modo que los quiosqueros de las estaciones ven pasar los trenes. Y es que, aunque nuestras circunstancias siempre cambian (el círculo de conocidos, el trabajo cada vez más absorbente, los amigos, las dichosas hipotecas y, sobre todo, el tiempo libre, que desgraciadamente se vuelve menos “libre”) y vamos alcanzado metas grandes o pequeñas, la inercia cotidiana nos impide valorarlas.

Ayer, al charlar con mis amigos, retrocedí unos cuantos años y volví a encontrarme en mi etapa de universitario (que, bien mirado, no queda tan lejana). Todos vivíamos entonces cargados de alegría, de ilusiones, de proyectos… y no teníamos más ocupaciones, ni preocupaciones, que pasarlo bien, preparar algún examen y, los menos, encontrar un compañero nuevo para el piso de estudiantes. Nuestras vidas han cambiado mucho ahora, y no siempre lo han hecho como habíamos previsto. El reencuentro, sin embargo, volvió a mostrarme que todos dejamos una estela allí donde pasamos: ellos lo hicieron en mí y yo lo hice en ellos. Es cierto que las circunstancias nos modelan, pero también que somos artesanos del entorno, al menos del nuestro, el más propio y cercano, y que influimos decisivamente en cuantos nos rodean.

La gran muralla china comenzó con una piedra. El agua horada la piedra gota a gota. El ser humano forja su destino día a día. Por eso es necesario aprovechar nuestros minutos, llenarlos con metas importantes y exprimir el néctar de las horas junto a los seres queridos. Es nuestro tiempo, y lo que no hagamos con él nadie podrá compensarlo.

Antes o después todos participaremos en una de estas reuniones, nos juntaremos con un grupo de amigos y tendremos muchos cambios que contarles respecto a nuestras vidas. ¿Por qué no procurar que sean buenos? Todos podemos horadar la piedra gris de la rutina y construir, si nos lo proponemos, una gran muralla de proyectos culminados. Todos somos artesanos de nuestro destino y tenemos, todavía, muchas cosas importantes por hacer.

Apróvechate de ello. Hoy es el primero del resto de tus días.

*   *   *

En mayo de 1999 publiqué este artículo en el diario Noticias Jóvenes. Ha pasado el tiempo, desde luego, y la llegada de los hijos —sobre todo— ha acelerado todavía más esa sensación de fugacidad del tiempo. Sin embargo, la esencia del mensaje continúa siendo extraordinariamente válida.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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