Liliputienses

Giant man looking on saxophonist playing

Cuenta una leyenda que existía un gran valle habitado por liliputienses serviciales y muy trabajadores. Competían entre sí para asegurarse el sustento propio y el de sus familias, y pese a ello se respetaban y querían porque, mejor o peor repartida, había tarta para todos.

Un día llegó al valle un gigante y decidió instalarse en él. Con sus pisadas aplastó a cientos de liliputienses que trataban de ponerse a salvo. Los supervivientes, que se sentían muy unidos a su tierra y necesitaban proveer de alimento a sus familias, permanecieron allí, jugándose el pellejo a cada instante entre los pies del coloso. Terminaron por acostumbrarse al riesgo… y la vida continuó. Hasta que al cabo del tiempo apareció otro gigante, y después otro, y otro… y otros muchos más. Y los liliputienses tuvieron que resignarse a ser cada vez menos y más debilitados, y el derrotismo se instaló en sus corazones.

3D Illustration Giant MonsterAlgo parecido está ocurriendo en Zaragoza. Hubo una época, no demasiado lejana, en la que montar un pequeño comercio en nuestra ciudad y sacarlo adelante con iniciativa y trabajo no constituía una utopía. El vendedor-empresario, al atenderte, recordaba tu nombre, se interesaba por tus cosas y siempre reservaba algún detalle personalizado para la despedida: un guiño, un pequeño obsequio o un “qué buena cara tiene” que te alegraba la mañana. Cierto día apareció un hipermercado, y luego otro, y otro, con sus espacios abiertos, sus aparcamientos, sus zonas frías y calientes, sus horarios a la carta y sus dependientes con contratos renovables. El carro de la compra se llenó de ofertas y estos macrocentros comerciales, de personas. Zaragoza agradeció la llegada de las grandes superficies, porque además de ampliar la oferta de cines, restaurantes y puntos de entretenimiento, las zonas en donde se instalaron, algunas de las cuales se encontraban desabastecidas y mal comunicadas, fueron revitalizadas.

Sin embargo, como en la leyenda de los liliputienses, una multitud de pequeños comercios (y lo que es peor, de comerciantes), perecieron aplastados por el avance de los hipermercados. Los demás tratan todavía de ponerse a salvo, sin saber muy bien de qué modo han de hacerlo.

Algunos entendidos aseguran que los liliputienses construyeron una enorme torre con sus cuerpos, subiéndose unos sobre otros, y se enfrentaron a los invasores. Otros sostienen que prefirieron negociar con los gigantes un tratado de colaboración. Lo cierto es que se produjo un cambio radical en aquel valle, pese al cual sus pequeños y esforzados habitantes, aunque en mucho menor número, permanecieron en él.

Y es que, mientras haya personas que los busquen, siempre existirán liliputienses.

*   *   *

En abril de 1999 publiqué este artículo en el diario Noticias Jóvenes. Ahora, cerca de veinte años después, el asunto sigue siendo rabiosamente actual debido a la llegada del outlet de Pikolín que, por otra parte, va a dinamizar la maltrecha economía local.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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