Sexo libre… pero no tanto

Eine Wahl treffen

Imaginaos la escena: un banco de un parque público de Zaragoza. Domingo, seis y media de la tarde. Un chico sentado con una chica recostada sobre cada una de sus piernas. Alternativamente, el muchacho va a besando a una y a otra, encantado, desenvuelto, eligiendo entre ambas de manera discrecional según —imagino— sus apetencias e instintos, como si se estuviera comportando de la manera más normal del mundo. De vez en cuando, los integrantes del trío, que se encuentran acompañados de otro par de chicas, charlan con el resto, bromean y se relacionan con naturalidad, ya sea mientras esperan su turno hasta el siguiente muerdo o en alguna pausa ocasional en ese rollo múltiple.

Pues bien, compadres, esta escena la presencié ayer mismo, con incredulidad, mientras la más chiquitina de mis hijas jugaba con los toboganes, los columpios y los tubos lindantes a ese banco. Nunca he sido de escandalizarme, sobre todo en temas de amoríos y devaneos sexuales, y no lo habría hecho ayer tampoco, pues me habría tomado la escena como un signo más de nuestros tiempos… ¡si los protagonistas no hubieran tenido poco más de 13 años!

Tengo una hija de esa edad que, en estas fiestas del Pilar, ha comenzado a hacer sus primeras escapadas nocturnas. Sé lo que hay, tiene un hermano mayor y no soy ningún ingenuo. Pero lo de ayer me dejó realmente ojiplático, boquiabierto, desnortado. ¿Qué hacían esos tres pipiolos pegándose así el lote a la vista de todos? ¿Por qué sus compañeras de pandilla los trataban con absoluta normalidad, como si fuera algo habitual? Realmente… ¿lo era? ¿Cómo ese muchacho, que ni siquiera era un adonis escultural, guapísimo y absolutamente irresistible sino un tipo corriente, permanecía allí sentado con tantísima seguridad, a su edad, sin ostentar ni pellizcarse? ¿Cómo las dos niñas, no contentas con su alternancia labial, se regalaban entre sí algún que otro pico?

Lo reconozco: no pude resistirlo e hice oreja. Una palabra me llamó la atención sobremanera, en boca de una de las protagonistas: follamigos. Se autodenominó de esta manera con trece años recién cumplidos. Es posible que me haya vuelto un carcamal, un carroza de esos trasnochados que tanto me molestaban cuando yo era joven, inexperto y con tantas ganas de vivir como esos chicos. Pero creo que algo estamos haciendo mal, como sociedad, si nuestros vástagos consumen sexo en los parques como si fueran pipas, gominolas o refrescos. Cuando coquetean tan pronto con sus apetitos desmedidos, sin tener la madurez ni el criterio necesarios para hacerlo.

¿Qué harán dentro de cinco años, al cumplir los dieciocho? ¿Cómo se relacionarán sexualmente con veinticinco o treinta? ¿Qué decidirán experimentar cuando, pasados los cuarenta, lo hayan probado todo —y mal— y ya nada les sorprenda? Y eso sin ahondar en otras consideraciones, como la cosificación y las deshumanización que implican algunas de estas prácticas.

En fin, que no quiero ni imaginarme lo que hubieran sentido sus padres y sus madres al ver a ese terceto en acción. Porque, no nos engañemos, lo peor de todo es que no se trata de un hecho aislado, sino de una realidad social incontestable que refleja mucho, pero mucho, de lo que estamos entregando a nuestros hijos. De los valores que les estamos transmitiendo.

Y no, no penséis que eran chavales pertenecientes a familias desestructuradas o desviados sociales. No lo parecían. Eran chicos tan normales y corrientes como todos los demás los que protagonizaban ese menage a trois entre pipiolos en los bancos públicos de un parque infantil.

A la vista de todos… y sin mirarse a sí mismos.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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2 respuestas a Sexo libre… pero no tanto

  1. pilar dijo:

    Si lo planteado se debe, exclusivamente, a desviación educacional por lo que a nosotros, padres, abuelos, tíos, compadres. profesores, colegas, cómplices en general, efectivamente, la respuesta está servida. Es responsabilidad de todos

  2. Pingback: Pesadillas de papá | ¡Abrapalabra! El blog de Míchel Suñén

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