Un hincha extraordinario

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Desi es un futbolero nato. Siempre que tiene ocasión baja al Parque Grande con su balón de reglamento bajo el brazo, la zamarra firmada por Diego Milito una semana después del 6-1 al Madrid, el chándal de algodón y las botas multitaco completamente negras, como las de toda la vida. Es un tipo sociable y divertido, enseguida encuentra grupo y organiza un partidillo por el césped, en el que acaba involucrando a casi todos los presentes, da igual si son niños o mayores.

Desiderio siempre ha sido delantero. Le encanta abrazarse en un piña para festejar los tantos de su equipo y, si llega el caso, perder la cabeza al celebrar sus propios goles. No suele defender; es, en realidad, un chupapostes: si jugara con linieres y fueras de juego, desde luego, acumularía más faltas que el defensa uruguayo más tarjeteado. Por eso prefiere el fútbol-parque, el street y hasta el futbolín, en los que lo importante es marcar goles, no cómo se consiguen.

A su padre le encanta ver jugar a Desi, suele sentarse en un banco y no le quita ojo. Celebra sin aspavientos las victorias de su equipo —porque mejoran el humor de su retoño el resto de la tarde—, sus huyes y sus goles y, llegado el caso y dado que no hay árbitros, actúa como mediador si su hijo se enfada al reclamar como gol un tiro que, en realidad, ha rozado el poste.

Desi también disfruta con los partidos de su hermano. Estos, ya sí, federados. Lo ha seguido desde que empezó como alevín y, ahora que es cadete, se lo pasa en grande alentando al benjamín de la familia, que aunque mide ya casi metro ochenta siempre será su hermano pequeño. Le gusta ver esos partidos, pese a tener muy claro que jugar como central es más fácil que ser un killer del área, como él. Por ello bromea a menudo con su brother y le dice que en un uno contra uno no podría detenerlo. Quizá por eso, a menudo y si hay opciones, termina los partidos en la pista o en el campo anexo, peloteando con quien haya.

Desi también es zaragocista. No se pierde ningún partido de la Liga 1, 2, 3, o como diantres se llame. No siempre es bueno para él, porque sufre hasta el llanto las derrotas de los blanquiazules; aunque, por el contrario, los lunes se le llenan de color cada vez que la victoria ha sonreído a los maños. Es abonado del Real Zaragoza desde que tiene uso de razón, no se pierde un partido en La Romareda —ni siquiera los nocturnos invernales de la Copa— ni en la televisión. De hecho, organiza su agenda cada fin de semana en función de los horarios de juego. Le encanta navegar en internet, chatear en los foros del zaragocismo y enviar mensajes por wasap a La Jornada, siempre pasionales y sinceros.

Desiderio es un chaval encantador, de esos que ponen el corazón en cuanto hacen y siempre son capaces de arrancarte una sonrisa. Sus padres, su hermano, sus amigos, sus compañeros de empresa y sus vecinos de localidad en el estadio lo quieren con locura. Su sonrisa, su afán por aprender y sus ganas de hacer cosas resultan contagiosas. ¡Hasta mamá aprendió a jugar al fútbol, de portera, por influencia del chico!

Hoy ha salido del trabajo especialmente nervioso: su equipo va colíder y hay partido de liga entre semana. Su madre le ha preparado un bocadillo de tortilla y él se lo ha comido en un pispás, sin dejar de hablar sobre el encuentro, bromeando con su padre y con su hermano sobre la cantidad de goles que marcaría si él fuera el ariete del equipo maño aquella noche.

Desiderio tiene síndrome de Down, pero este es un detalle prescindible. Porque es, antes que nada, un tipo admirable, un ciudadano ejemplar y un zaragocista de pro. Un tipo tan extraordinario… como algunos de nosotros.

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Relato publicado en Aragón Deportivo, nº 142, 1.10.16

Descárgate la revista completa: www.seguimos.net/revistas

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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