Deuda de optimismo

Smile among angry faces

Enhorabuena: sin género de dudas eres una persona afortunada. Así es, no pongas esa cara: si estás leyendo este artículo es porque en su día venciste en la carrera por la vida, alcanzaste el óvulo el primero y ganaste el derecho al nacimiento. Por si esto fuera poco, tuviste la suerte de nacer en una sociedad desarrollada, todo un privilegio, y probablemente encontraste alrededor familia, amigos y ciertas posibilidades sociales y económicas. Es seguro que habitas en una sociedad sin demasiadas escaseces, sin hambre, sin miseria, sin guerras ni tiranos. Fue una cuestión de fortuna: podías haber visto la luz en cualquier otro lugar.

Somos imperfectos, en eso estoy contigo. Pero lejos de ser algo completamente negativo, significa que podemos elegir perfeccionarnos, mejorarnos mediante el ejercicio de nuestra libertad. Y es que el día a día nos ofrece pequeños problemas y desgracias que nos obligan a reaccionar, a seguir alerta, a aprender con nuestros fallos. Disponemos, además, de la capacidad de amar, y de hecho amamos; y podemos vencer a la muerte dejando en nuestra ausencia un legado de obras, descendientes y recuerdos.

Deberíamos encontrarnos agradecidos y felices. Sin embargo protestamos, nos sentimos a disgusto y muchas veces transitamos por la vida con actitud mendiga o derrotista, y minusvaloramos las ventajas que tenemos, las mismas que colmarían las expectativas de millones de personas. Si pienso en los hombres mutilados de Sierra Leona, en los niños explotados del Lejano Oriente, en las mujeres subyugadas en Afganistán, en los hogares destrozados por el terremoto de Colombia, en los embriones que no llegaron a nacer o que lo hicieron en condiciones infrahumanas, y en tantos y tantos seres humanos que sueñan con alcanzar la milésima parte de cuanto nos rodea, me parece inadmisible, en nosotros, ese pesimismo.

¿Tenemos derecho a transitar nuestra existencia con paso derrotado? Definitivamente no. Lo que en realidad tenemos es una deuda de optimismo con nuestros semejantes. De optimismo y de acción, porque ha llegado el momento de preocuparnos mucho menos y ocuparnos mucho más. Es cierto que no podremos resolver todos los problemas, pero cuando se trata de personas, el más pequeño avance significa un mundo.

Si nosotros, los afortunados, no somos capaces de hacer nada por el resto, ¿quién lo hará? Ellos luchan a diario por sobrevivir, no les queda tiempo, ni recursos, para el altruismo. Ellos no tuvieron nuestra suerte: su nacimiento los depositó en una zona de penumbra.

Curiosamente, con todas las dificultades que obstruyen su camino, muchos resultan verdaderos ejemplos de optimismo, porque continúan buscando, y encontrando, el lado positivo de las cosas. La vida ofrece a menudo paradojas como esta, es una de las cosas que la hacen tan preciosa.

*   *   *

En febrero de 1999 publiqué este artículo en el diario Noticias Jóvenes. Casi dos décadas después, algunas circunstancias y nombres propios han cambiado, pero la esencia continúa.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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