Una separación muy “jolie”

Brad Pitt y Angelina Jolie en los Oscar en la 84 ª a 84 ª ceremonia de los Oscar en Los Angeles

Angelina Jolie y Brad Pitt, la power couple por excelencia de Hollywood, se separan. Se trata, en realidad, de una noticia de ámbito doméstico —como tantas otras que se producen a diario en cualquier casa, barrio o distrito del mundo y que, salvo a los más allegados, nos pasan desapercibidas—, pero que alcanza una dimensión mundial por nuestra necesidad de crear y adorar mitos, referentes sociales a los que observar, admirar e, incluso, idolatrar.

Evidentemente, Angelina y Brad han formado una pareja de guapos, triunfadores y millonarios, por lo que no resulta extraño que despertaran, desde el primer momento, nuestro interés. Considerando sus seis hijos —entre adoptados y biológicos—, sus éxitos cinematográficos, sus colaboraciones solidarias y sus permanentes apariciones en los medios, fueron embestidos de un atributo referencial de ejemplo familiar del siglo XXI. Por eso, este fracaso conyugal nos duele un poco a todos. O al menos nos sorprende. Por ello, claro está, y por el incomparable negocio que constituía esta familia mediática.

ewqwzDesde que se conocieron en el rodaje de Señor y Señora Smith (en 2004) hasta la demanda de divorcio presentada por la polifacética artista, supongo que la pareja habrá vivido una historia de amor hermosa, estimulante, apasionada y, finalmente, agotada. No es mi objetivo analizar las causas de la separación —son cosas privadas, aunque menos en un caso como este—, pero los términos en que ha sido redactada la demanda de divorcio de Angelina —que menciona el consumo de alcohol y marihuana del guaperas y rehúsa compartir la custodia de los hijos—, no lo deja en buen lugar.

brad-pitt-2014-wallpaper-3El drama familiar, el sufrimiento de los hijos, el dolor de cada cónyuge, la aceptación imprescindible del fracaso personal y la necesidad de pasar página y tender puentes de entendimiento entre dos personas dolidas, heridas y extremadamente susceptibles es consustancial a cualquier proceso de separación parental. Angelina y Brad, al menos, tienen el porvenir —y el puchero— más que asegurado. Son guapos, ricos y famosos, por lo que no tardaremos  en verlos rehacer sus vidas con otros amores renovados. No sería lo mismo si Brad Pitt fuera Braulio Pérez, un españolito cualquiera de a pie. Se quedaría sin casa —debería volver a vivir junto a sus padres—, sin coche —¡menos mal al carril bici!—, entregaría medio suelto para la manutención de sus hijos y trataría de compatibilizar sus horarios de trabajo con el cuidado de estos, cada vez que le tocan, en función del acuerdo firmado. Con el corazón partido y una lacerante sensación de fracaso y desconcierto ante lo desconocido, se le llevarían los demonios al saber que otra persona ha empezado a vivir con su exmujer en su excasa e influye, poderosamente, en la educación de sus hijos. Que conduce su excoche y hace abdominales en la barra fija que él mismo atornilló en su dormitorio. Mientras malvive con media nómina de mierda y se desencuentra con sus padres por cuestiones menores que ya había olvidado, intentará salir a flote y levantar la cabeza, con el mantra permanente de volver a estar en el mercado y recurriendo, un tanto desbocado, tanto a las aplicaciones de ligoteo de su móvil como al apoyo de su gente.

Esta separación Brangelina, desde luego, será bastante más jolie. Los dos estaban tan forrados antes de casarse, y han generado tantísimo dinero durante su productivo matrimonio, que van a vivir a cuerpo de reyes el resto de sus vidas. Eso sí, van a dar mucho que hablar. Porque la fama se convertirá en un amplificador de sus miserias, sus disputas y sus inevitables discusiones. Es la otra cara del éxito.

Nunca es plato de buen gusto, para nadie, separarse; tampoco para ellos. Pero el drama es mucho más intenso y traumático cuando se produce entre el común de los mortales, porque la coyuntura suele ser nefasta.

Aunque, en esencia, el sufrimiento individual, la decepción, la angustia y el duelo nos iguala a todos. Por eso no son pocos los que se alegran cuando escuchan estos noticiones negativos entre celebridades. “Que se jodan”, piensan con rencor, masticando la envidia para digerirla.

Sea como sea, este es un ejemplo más de que humanos somos todos. Sobre todo en las desgracias.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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