Con las botas puestas

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Su cuerpo había dicho basta. Se había roto. Las reiteradas operaciones a las que se había sometido no habían arrojado los resultados previstos, y el dolor continuaba impidiéndole desempeñar su profesión con la solvencia exigida. Él, que siempre había sido un guerrero sobre el césped, se veía ahora privado de la posibilidad de retirarse con honores —como su trayectoria merecía—, con las botas puestas y el puñal entre los dientes.

Nadie era capaz de explicarle qué estaba ocurriendo:

—Tu cuerpo no responde a la cirugía ni a los tratamientos. No hay nada que hacer.

Siempre había sido un enamorado del fútbol: antes de ser su profesión ya era su pasión. Y continuaba siéndola. Después de un obligado periplo internacional por Portugal, Italia y Rusia, comprendió que había llegado el momento de regresar a casa, de volver a pisar las calles de su juventud y de enfrentarse al destino inevitable, al menos, en un entorno amado.

Había dejado huella allí.

La gente lo seguía reconociendo por la calle, lo paraba, le daba ánimos y le preguntaba por la posibilidad de su regreso, a lo que él siempre contestaba con sinceridad, encogiéndose de hombros y diciendo:

—Ya me gustaría, desde luego, pero no depende de mí. Mi cuerpo no responde.

Su equipo de toda la vida también anhelaba su regreso, aunque no tanto como el propio futbolista. Le propusieron disponer de un plan personalizado de recuperación, para intentar el milagro. El chico no era en absoluto optimista, pero no tenía nada que perder y sí muchísimo a ganar: la posibilidad de regresar al fútbol profesional por la Puerta del Carmen, la de los héroes, y terminar su carrera en el equipo que siempre había llevado en el corazón.

Se puso a la faena. Con la constancia, la abnegación, el compromiso y la capacidad de sufrimiento que había demostrado durante toda su carrera. Sus conciudadanos lo veían trabajando asiduamente, poniéndose en forma, pero las molestias continuaban y la anhelada recompensa no parecía cercana. En los momentos de bajón, se resistía a arrojar la toalla centrándose en el premio. Volver a ser blanquillo, igual que lo fue antes de tener que irse
—llorando y con un brazalete cuatribarrado como recompensa— vendido al extranjero, obligado a exiliarse en una sucesión de clubes que le pagaban generosamente, pero cuyo corazón nunca llegó a aceptar como propios.

Quién sabe si fue a causa de la intercesión de la Virgen del Pilar, por la energía del cierzo, la fuerza del destino o la llamada de la sangre, el caso es que su sacrificio continuado, callado y permanente comenzó a dar frutos. Evolucionó. Desaparecieron los dolores, primero, y las molestias, después. Poco a poco empezó a entrenar como antes y las barreras, las limitaciones y los desengaños empezaron a quedar en el olvido. Mientras se ejercitaba en la Ciudad Deportiva, correteaba por los Pinares de Venecia o se machacaba en el gimnasio, su mente comenzó a visualizar ese regreso soñado por el que tanto estaba trabajando. Solo le quedaba superar el examen más exigente de su vida: el de sí mismo para sentirse digno de volver a ser zaragocista. El de encontrarse a tope y tener la seguridad de poder ofrecer un óptimo rendimiento.

Porque era un tipo honesto. Siempre lo había sido.

Y no estaba dispuesto a engañar a nadie, ni siquiera a sí mismo.

*         *         *

Ahora, el capitán ha vuelto. Ha recuperado el brazalete que nunca debió dejar su brazo y lidera a los demás por experiencia, carisma, talante, bagaje y sentimiento.

Da gusto ver a Alberto Zapater volver a hacer kilómetros sobre el césped de La Romareda. Disputar sin resuello hasta el más insignificante fuera de banda, dar instrucciones a los nuevos, aplaudir un buen pase de sus compañeros o animarlos a juntar las líneas para presionar más adelante. Emociona verlo celebrar un gol o saludar a la afición desde el centro del campo después del primer triunfo.

Es uno de los nuestros.

Sobrado de casta ganadora, alma de león y sensibilidad blanquilla.

Justo lo que necesitamos.

Ahora y siempre.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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