A propósito de Cani

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Rubén Gracia “Cani” fue presentado ayer, en el estadio de La Romareda, ante miles de zaragocistas. Si bien es cierto que un par de jugadores, por sí solos, no significan demasiado para un club aspirante al ascenso como el nuestro, tengo la sensación de que, este año sí, la dirección deportiva está trabajando mejor que otras temporadas para configurar la plantilla.

160620-PresentacionZapater-0103En mi artículo Desde la debacle, publicado tras el lamentable fiasco de Palamós, advertía de la necesidad de encontrar y contratar a algunos jugadores “de los nuestros” que representaran el espíritu del zaragocismo. Sin duda, Cani y Alberto Zapater lo son: seguidores además de profesionales, con un corazón blanquillo incuestionable y ese sentimiento contagioso de pertenencia y amor a estos colores. Es verdad que, por su edad y su pasado reciente, son jugadores de riesgo. Pero mucho más lo es volver a contar con mercenarios sin vinculación a los que nadie estimula, controla o defenestra en el vestuario.

La ilusión ha regresado a la afición después de ambos fichajes aunque, bien lo sabemos,  apenas se han colocado un par de cimientos. Hay que traer más futbolistas honrados, entregados y comprometidos con la causa. Gente trabajadora que ansíe labrarse un porvenir con este escudo. Hace falta un goleador, un central expeditivo, un director de orquesta. Y, por supuesto, una plantilla renovada de la que, gracias al sordo trabajo de Juliá —innegablemente, otro de los nuestros—, ya están saliendo algunos jugadores que dilapidaron su crédito. Ese es el camino: extirpar todo lo malo para poder regenerar el organismo.

604677_pHace algo más de una década, compartí con Cani una tarde profesional que no he olvidado. Yo estaba trabajando en una propuesta creativa para la campaña publicitaria de abonados del año siguiente al ascenso en el que él —tras su gol contra el Oviedo— fue el principal protagonista. Pretendíamos utilizar el eslogan “Vamos a dar miedo” —después, a Soláns hijo, le dio miedo— acompañado de imágenes espeluznantes protagonizadas por algunos de los futbolistas más carismáticos del equipo. El, por aquel entonces, jovencísimo Cani iba a ser convertido en un inquietante vampiro, y el club lo envió para participar en una sesión fotográfica que, frente a unos focos abrasadores, deslumbrantes y realmente molestos, soportó con buen humor. Me cayó muy bien. Parecía un buen chaval.

Años después, alguien le indicó la puerta de salida.

Ahora regresa convertido en padre de familia. Con el porvenir resuelto y un reto en la mente: devolver a nuestro Real Zaragoza a Primera División.

Tenemos que apoyarle.

Pase lo que pase a lo largo de la temporada con él y Zapater, no debemos olvidar que estos sí son de los nuestros. Con más o menos acierto, se esforzarán para darlo todo. Porque sus raíces, sus familias y sus sentimientos son tan blanquiazules como los de sus aficionados.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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