Zaragozando

Soccer

A los niños nos mandaban al rincón. Desde la esquina de Infantil, las banderas del Fondo Norte y las carreras de los futbolistas eran nuestra referencia; animábamos al Real Zaragoza sin descanso, y cada gota de aliento alimentaba un poco más nuestra esperanza de llegar a ser como ellos algún día. Entre bocado y bocado de pan con chocolate, Pichi Alonso, Antic, Víctor, Casuco… y, en el banquillo, ese holandés de nombre impronunciable, dejaban de ser cromos sobre el tapete verde. Era un Zaragoza de sufridas victorias, derrotas lloradas, autógrafos pacientes y lunes de moviola. Una Romareda gigantesca de fiesta de domingo, bombos, diversión y, en ocasiones, coros de improperios blandos y obsoletos.

Con el primer acné descubrí un Zaragoza diferente. De Señores, Pardezas y Cedrunes. De viajes y triunfos en Madrid con gol de Rubén Sosa. De transistores chillones, bolos veraniegos y tifos en la grada. Todos fuimos rasmia en esa promoción pimentonera, la misma que nos catapultó después hasta París, catorce horas de autobús más las de vuelta. Aquella Torre Eiffel zaragocista, el arsenal de canciones, la tensión, los más de veinte mil abrazos del Parque de los Príncipes rugiendo el golazo de Nayim con vaselina, las carreras desbocadas de los maños por la banda, los saltos de Soláns Serrano ovacionado. Esos cien mil paisanos soltando adrenalina por la noche, bañándose en la fuente de la gloria, y el recopón ante el Pilar hecho hervidero.

Creando eslóganes

1434564511_713098_1434569939_album_grandeYo ya había empezado a producir por esas fechas. Como creativo tuve que idear eslóganes para el zaragocismo: Me late el corazón, Quinta de campeones, ¡A la Primera!, Despega con tu equipo… tratando de adaptarme al ánimo conservador de sus rectores. Fue la época de hacerles sietes a los grandes, de cuatro, cinco y seis goles incluso, de champions rapiñada y copa levantada por Aguado. Bajamos a segunda y vaticiné con un eslogan el ascenso. Llegó la sexta copa… y el primer peque-abono de mi hijo. La mejor excusa para comprar cromos. Lo llevo a los partidos de la mano y encuentro en esos ojos tan azules sobre blanco, que lo miran todo, esa ilusión incansable, ese aliento que sigue alimentando la esperanza de ser ellos algún día: César, Zapater, Aimar, los dos Milito… o, en el banquillo, ese aragonés Fernández de porte inquebrantable.

Y al verlo de ese modo, en el descanso, me pregunto: ¿qué será esa sangre blanquiazul y ese escudo del león tan adherido, que aún bulle en mi interior con todo lo vivido?

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Recupero este artículo publicado por El Periódico de Aragón, allá por 2007, en un suplemento especial conmemorativo del aniversario zaragocista. Lo que ha llovido desde entonces, y lo que estamos sufriendo. Pero los sentimientos sobreviven.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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