Un debate 4 x 4

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Ayer hubo debate a cuatro, con Rajoy incluido. Y yo me lo tragué enterito con un boli en la mano haciendo anotaciones, emulando lo que tantas veces hago cuando escucho los ejercicios prácticos de mis alumnos en las clases de oratoria. Como ya expliqué en mi post Un debate y un “de-water”, no me va lo de elegir un ganador en un envite dialéctico cruzado como es este, ya que las batallas son parciales y multidireccionales. La tendencia política de cada crítico, opinador y erudito enfoca en la dirección que le interesa lo ocurrido para poder subrayar las victorias y las virtudes de su candidato, lo cual puede ser de todo menos científico.

Yo solo quiero volcar sobre este papel algunas de las notas que fui tomando ayer a vuela pluma. E intentaré salpicarlas con aportaciones y fundamentos oratorios funcionales para que el contenido logre interesar a todos. Incluidos los apolíticos.

Cabe decir, para empezar, que hubo pocas sorpresas en la estética de los candidatos: en realidad, los asesores de imagen de cada formación parecen licenciados en la misma escuela. Rivera, elegante pero desenfadado y sin corbata; Iglesias, con vaquero y también descorbatado; Sánchez con traje azul oscuro casi negro y corbata roja; Rajoy con traje azul y corbata en la gama. Y todos ellos luciendo su camisa blanca, como si intentaran reflejar  la transparencia, la pureza y la luminosidad de sus propuestas. [Si esto fuera una telecomedia, sonarían ahora las risas enlatadas]. Resumiendo: vistos de izquierda a derecha, parecían una secuencia degenerativa de desde que llegamos a una boda hasta que acaba el banquete.

Los expertos dicen que los debates no sirven para movilizar el voto, pero sí para afianzarlo. Y a ello se dedicaron con afán todos los candidatos, sabiendo que ese 30 % de indecisos va a determinar el próximo gobierno. Así, desde el principio, Iglesias —el maestro de los gestos— quiso marcar territorio cuan león meón y se aproximó a los trabajadores de TVE que se manifestaban frente al Palacio de Congresos. Se anotó un tanto que, inmediatamente, los asesores de Sánchez compensaron haciéndole imitar la acción. Luego Pablo Iglesias, lo recordó en pleno debate, por si acaso las cámaras no habían recogido suficientemente su jugada. Y ahí perdió la credibilidad de lo ocurrido.

Recursos oratorios de los candidatos

El debate comenzó con ocho minutos de retraso. Me pregunto quién tuvo necesidad de echar la meadica de última hora —quizás los moderadores, a los que no vi demasiados centrados—, y me imagino a los protagonistas, en ese intervalo, realizando disimulados ejercicios fonatorios, paseando al aire libre para entretener la espera —algo que Rajoy hizo en los descansos— o saboreando un caramelo de limón para combatir la sequedad de su boca.

candidatosEn general, destaco de Pablo Iglesias su uso permanente de imágenes mentales, como cuando acusó al presidente en funciones de que, tras suspender un examen, de nada sirve justificarse diciendo que era muy difícil. Rajoy, por su parte, dirigió su discurso a la emoción mediante las repeticiones, el ritmo y lo concreto, una táctica que utilizó también Albert Rivera, mostrando gráficos, tablas y portadas con más habilidad que Mariano, a quien le faltó paciencia para aguardar a que las cámaras los enfocaran. Albert Rivera se desenvolvió  bien durante toda la noche. Es un tipo nerviosillo, es verdad, pero da la sensación de que siente lo que dice y, por eso, contagia credibilidad, cercanía y entusiasmo.

En el bloque de la Economía, Rajoy me pareció dominador, seguro y muy solvente. Salió indemne y comenzó el debate a un gran nivel, aunque progresivamente fue bajando sus prestaciones y se sintió bastante incómodo —cómo no— al ser atacado sobre la corrupción. No me gustó de Mariano que bajara la cabeza cuando Pedro Sánchez buscaba su miradas al lanzarle sus ataques, pues daba la sensación de estar recibiendo un rapapolvo en el despacho del director del colegio. Tenía en su guión los aspectos destacados de su gestión, y lo utilizó con afán, aunque en algún momento le traicionaron los nervios, posiblemente porque el guión no era lo suficientemente visual y personal que él requería.

Me fatigó Pedro Sánchez, lo siento por sus seguidores. La táctica de los eslóganes habitual en el PSOE derivó anoche en una cantinela reiterativa y muy cansina. Siempre abrió su intervención del mismo modo: “los extremos no me han dejado gobernar”. Fueron permutaciones del mismo mensaje que resultaron fatigosas. Es verdad que la máxima del coronel —un principio dialéctico valioso— recomienda anticipar lo que se va a decir, decirlo efectivamente y recordar lo que se ha dicho. Pero aferrarse a una misma y única idea en cada intervención supone desperdiciar demasiado tiempo y predisponer negativamente a las audiencias. Es cierto que lo que se repite insistentemente acaba por envolverse de un halo de verosimilitud y llega a ser creído, pero esto no se cumple cuando los demás identifican la jugada. Y eso pasó ayer.

Tan solo me gustó el líder socialista en el momento en que espetó a Iglesias, después de alardear de su tendencia hacia las políticas sociales, que cuando el podemita escogió sus ministerios potenciales, prefirió controlar la televisión o la seguridad nacional, por ejemplo, a las áreas sociales.

El apagón anímico de Iglesias

carica debate 1A mí me da que Pablo Iglesias es un tipo listo. Me sorprendió sobremanera la expresión cansada y el ánimo apagado que mostró durante el debate. Como si fuera un hombre incomprendido, de excelente corazón y con buenísimas intenciones, gesticulaba con desazón y repetía “no soy yo el adversario” cuando Sánchez le lanzaba su envites. Sus ojos melindrosos, sus brazos abiertos con los hombros encogidos y las palmas hacia arriba… no me sonaron sinceros. ¿Y si se trató de una estrategia telegénica para, como le espetó Rivera, disfrazar al lobo con piel de cordero? Los líderes de Podemos son conscientes de que el miedo y la inseguridad pueden bloquear su pretendido sorpasso. Tal vez por eso Iglesias decidió ayer escenificar una presencia edulcorada, mucho más moderada y conciliadora que otras veces. Ahora soy socialdemócrata, pretendía transmitir, y por eso represento a un espectro de la ciudadanía mucho mayor.

La estrategia de Rajoy se centró en mostrar la botella medio llena, destacando las cosas positivas realizadas por su gobierno y los avances del país. Y, a grandes rasgos —salvo en el capítulo de la corrupción—, creo que se salvó del acoso y del derribo de los otros. Rivera batalló a un nivel muy alto, con sus limitaciones; Iglesias desempeñó ese rol autoimpuesto que no sé hasta qué punto puede darle réditos y, en mi opinión, Sánchez se diluyó y perdió la oportunidad que tanto precisaba.

Pactos y minutos de oro

Cuando les preguntaron por los pactos, Iglesias y Rajoy fueron meridianos y contestaron con claridad. El de la coleta pidió a Sánchez que se aclarase entre ellos y el PP, mientras que Rajoy le echó en cara que, siendo el tercero en las encuestas de intención de voto, lo considerara a él, presuntamente el más votado, incapacitado para gobernar. Por un “extremo” y otro, Pedro Sánchez se llevó sendas colegas. A él y a Rivera les tocó bailar con la más fea en esta parte, es comprensible, pues su situación les impide mojarse claramente en ninguna dirección.

Debo reconocer que los minutos de oro me resultan especialmente atractivos, porque se trata de formatos oratorios recreados que se han podido trabajar, preparar y practicar a conciencia. No hubo excesivas sorpresas: Iglesias es el más hábil en este ámbito. Sus alusiones al miedo, la alegría y la esperanza, mientras miraba a cámara con gestos telegénicos, llegaron mejor —no sé si más sinceramente— que los del resto.

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A Rivera también lo vi muy suelto, sentido, hablando sobre sueños, oportunidades, justicia y talento. Y Mariano Rajoy apenas fue capaz de mirar a la cámara y seducirla, él se siente mejor en el congreso y, según afirman todos, en las distancias cortas.

Por último, Pedro Sánchez aplicó sus conocimientos sobre telegenia y desgranó los públicos y los beneficios específicos de su futuro gobierno. No estuvo mal su colofón, aunque no se convirtió en el madero flotante salvador que necesitaba después de su naufragio.

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Los bosquejos caricaturescos que acompañan el artículo los realicé mientras veía el debate. Me sirvieron para desconectar, y evadirme un poco, durante la sesión. Si no, me habría resultado demasiado duro soportarla…

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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