Ramón, el nene llorón (cuento infantil)

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Ramón era un nene que lloraba mucho. Siempre estaba llorando. El día en que nació rompió a llorar gritando mucho, y estuvo así cerca de un día. Lloraba al despertarse y antes de dormir, cuando tenía hambre, si comía mucho, si comía poco, si estaba solo o si había mucha gente en casa. Lloraba siempre.

Y aunque el nene se fue haciendo mayor, no dejaba de llorar. Lloraba por todo, con razón y sin razón. Lloraba porque se caía y porque se tiraba. Porque estaban y porque no estaban sus padres. Porque tenía hambre y porque no le gustaba la comida, porque hacía frío, porque tenía calor, porque tenía sueño y porque no quería irse a la cama.

Lloraba tanto que nadie lo aguantaba. Ningún niño quería estar con él. Sus yayos preferían no ir a verlo. Los vecinos estaban hartos de sus gritos y no le saludaban. Tan solo sus papás, que como todos los padres a sus hijos lo querían mucho, lo consolaban con caricias, arrumacos y palabras dulces.

Aquella noche Ramón tenía mucho sueño. No había querido dormir la siesta y había estado llorando toda la tarde como un bruto. Paró para merendar, después quiso ver la tele y se quedó dormido. Al darse cuenta, rompió a llorar por haberse perdido la serie.

La mamá de Ramón estaba muy cansada y a su papá le dolía la cabeza. Pero Ramón no quería irse a la cama. Y lloró, lloró, lloró… tanto y tan fuerte que sus padres se cansaron de atenderlo.

—¡Nunca más te haremos caso! —le dijo mamá muy enfadada. Papá no dijo nada. Apagó la luz, cerró la puerta y se marchó casi sin mirarle.

Ramón esta solo, a oscuras, sobre el suelo de su habitación. Lloró con más fuerza y aguardó la reacción de sus papás. Nada. Pataleó, golpeó la puerta, tiró sus juguetes contra la pared… Nada. Berreaba cada vez más, pero sus padres no venían. Entonces se sintió verdaderamente triste y se metió en la cama para continuar llorando.

—Hola, niño —le saludó de pronto una voz desagradable—. Soy la Bruja de los Nenes que Lloran Mucho, y estoy aquí para llevarte conmigo.

—¡Noooooo! –gritó Ramón muy asustado al ver la horrible silueta de aquella vieja bruja—. ¡Vete, mala! —y llamó a sus padres llorando como nunca. Pero como estaban tan acostumbrados a los gritos de su hijo, esta vez no acudieron en su auxilio.

—¡Ji, ji, ji! —rió la Bruja—. Sigue llorando, niño, tus padres no van a venir. Cuanto más llores, más saladito y tierno estarás cuando te coma.

—¡Papá! ¡Mamá! —volvió a gritar Ramón, cada vez más asustado.

—Ven conmigo, llorón. Mañana te comeré en el desayuno. Y sobre todo… ¡no dejes de llorar! —y estalló en una horrible carcajada que hubiera asustado al más valiente de los niños.

Ramón, que había malgastado su energía llorando todo el día, ya no tenía fuerzas para resistirse. Sintió la mano helada de la Bruja sujetando su muñeca…

—Ven conmigo, llorón. Saldremos por la ventana —y le apretó tanto que, aunque no quería hacerlo, se levantó de un salto.

En ese mismo instante, cuando estaban a punto de subir a la escoba de la bruja, la puerta de la habitación se abrió y las luces se encendieron. ¡Eran los padres de Ramón que, a pesar de todo, habían decidido perdonarle y ver lo que pasaba!

Como todo el mundo sabe, las brujas y los lobos tienen miedo a los papás; así que la malvada Maruja se asustó mucho al verlos, soltó a Ramón y escapó por la ventana lanzando maldiciones.

El nene llorón se abrazó a sus padres, que lo tranquilizaron con los besos y caricias que tanto le gustaban.

Aquella noche, Ramón aprendió a valorar lo que tenía. Prometió reírse mucho y llorar solo cuando fuera estrictamente necesario.

De este modo, con la ayuda de sus padres, Ramón el llorón volvió a tener amigos, recuperó el cariño de sus familiares y vecinos, descubrió el valor de la alegría y no volvió a llorar jamás inútilmente. Y de la bruja Maruja ya nunca más supo.

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Inventé este cuento infantil cuando mi hijo Diego era pequeño y, como no le gustaba mucho echarse, se lo contaba antes de acostarse. Han pasado más de diez años, pero la historia sigue encantando a los chiquillos. Si me aceptáis el consejo, imitad una voz desagradable cuando habla la bruja. 😉

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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