Desde la debacle

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Se consumó el desastre zaragocista de la manera más humillante y vergonzosa. La mediocre banda de tecnicachos y jugadorzuelos que han llevado la zamarra del león blanquillo esta temporada hicieron un inconcebible ridículo en el campo de la Llagostera, el día señalado en rojo en las agendas de todos los aficionados, y cayeron goleados ante un equipo descendido e inframotivado cuando el zaragocismo se lo jugaba todo.

Y aquí estamos de nuevo sufriendo la enésima decepción blanquilla en la presente década, volviendo a ver las lágrimas cayendo por los rostros blanquiazules de los aficionados desplazados, compartiendo con ellos nuestro llanto a través de la televisión, sintiendo nuevamente ese pinchazo emocional tan lamentable del “hemos caído aún más bajo” y asumiendo un cuarto año consecutivo de castigo en esa categoría farragosa, deprimente y claustrofóbica que es la segunda división del fútbol español. Ni siquiera nos importa que, para más inri, haya sido el eterno rival de nuestro club, el Osasuna, el principal beneficiado del inexplicable cataclismo de nuestros jugadores.

13335718_10207549561549393_774658516256837124_nLos zaragocistas de verdad sabemos que nuestro amado objeto de pasión está enfermo, herido, que ha sido devastado por los intereses, la codicia, la especulación y la impunidad de los mercenarios, los sinvergüenzas y los estafadores cuyos nombres y apellidos todos conocemos. Somos comprensivos con su situación, por ello, y padecemos este sufrimiento con esa dignidad y esa grandeza que siempre ha caracterizado al zaragocismo, tanto en sus épocas gloriosas como en las más oscuras. Y ahora, desde luego, nos encontramos en una de las más negras.

Que un puñado de chuloputas desapegados, blandengues, descomprometidos, obtusos y ajenos a esta guerra, carentes además del mínimo y exigible prurito profesional, saltaran al campo de la Llagostera tal como lo hicieron, nos ha llenado de perplejidad, indignación y rabia. Esta cepa de futbolistas no nos representa. No son de los nuestros. Ni esta afición es la suya. No nos representa ese entrenador autista, ajeno a la realidad e incapaz de cohesionar y estimular a unos presuntos profesionales del balón —con los que nunca se hizo— para que cumplan con su obligación haciendo su trabajo. Aunque eso sí, el tal Carreras aguardó a que concluyera su contrato —lo que le asegura cobrar íntegramente lo pactado— para manifestarlo en público o hacer algo al respecto. No son de los nuestros esos futbolistas capaces de plantarse como estatuas de sal ante la hinchada después de la catástrofe, después de haber sido incapaces de moverse durante el partido. ¡Que ni siquiera, pese a la goleada y el ridículo, se ganaron esa tarjeta amarilla que la frustración y la derrota siempre acaban generando en quien siente de verdad unos colores que lo están perdiendo todo!

13332747_10207549562069406_6628362113914049366_nEllos —la mayoría— se marcharán de aquí. Tienen que hacerlo. Y nosotros, los buenos, los de siempre, afrontaremos de nuevo el reto del ascenso, esta vez en condiciones más pírricas que nunca. No es sencillo el panorama, desde luego, pero al menos Narciso Juliá sí parece un tipo de los nuestros. Ahora sería la hora de los Manolo Villanova y los Luis Costa, de todos esos con sangre blanquiazul a los que se fue echando del club —sin sustituirlos por otros perfiles similares— porque su honestidad y su sentimiento zaragocista dificultaban el trapicheo interesado. Ha llegado el momento de apostar con el corazón y con la cabeza por gente sin aristas, involucrada, con ganas de arrimar el hombro por una institución como esta.

Desconozco si los chicos del filial tienen o no el nivel suficiente para aspirar al ascenso el próximo año. Y viendo a Sergio Gil charlando en pleno velatorio postpartido con su representante he empezado a dudarlo. No necesitamos tipos vip, grandilocuentes y crecidos. Ni mercachifles de salario alto y juego mentiroso. Necesitamos futbolistas con criterio, honestos, trabajadores y comprometidos. Leones o cachorros que sientan los colores y defiendan los valores del zaragocismo, o que al menos traten de sentirlos e involucrarse en ellos cuanto antes. Tipos que lloren de verdad, que se cabreen, que den patadas y puñetazos en la mesa cuando las cosas no salgan, que se caguen en todo y cojan del pecho a los mansos cuando el equipo naufrague. Necesitamos jugadores con mucho más amor propio, futuro y compromiso que intereses económicos. Y necesitamos, sobre todo, un líder que los mande. Un Cholo Simeone que haya vivido ese pasado glorioso del zaragocismo, que sepa transmitirlo, inocularlo en la vena de cada uno de los recién llegados. Que corte las cabezas necesarias. Que no le tiemble el pulso y sea capaz de rodearse de futbolistas de esos que, tras la debacle en Palamós, no se hubieran conformado con exponerse a la silenciosa humillación de mantenerse cabizbajos y callados frente a su afición, sino que hubieran decidido saltar al otro lado para abroncar desde la grada, al lado de los suyos, a los culpables.

Menos mal que el Real Zaragoza somos todos.

Y pobre del que quiera robarnos la ilusión.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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