Renuncio a mis hijos

Newborn Baby Sleeping on Blanket

Definitivamente, Anna Gabriel, la diputada de la CUP, me ha convencido. Si a ella le satisfaría la idea de “formar parte de un grupo de personas que decidiesen tener hijos e hijas en común, en colectivo”, acabar con el concepto desfasado de familia y concebir que quien educa es la tribu, pongámoslo en marcha. De este modo, según ella, dejaremos de volvernos conservadores como consecuencia de nuestra maternidad o paternidad —no dice nada de las personas que ya lo eran antes de tener retoños; imagino que, como no piensan como ella, los excluye sin reparo—. Así que, siguiendo, su ocurrencia, renuncio a mis hijos. A Diego. A Delia. A Silvia. Que los cuide la tribu.

Captura de pantalla 2016-05-12 a las 17.05.35Renuncio a tratar de formarlos y educarlos según mis propios valores, a crear un clima familiar motivador y positivo en el que todos nos sentimos queridos y aceptados por ser quienes somos, y no por lo que somos. Renuncio a sentirme elevado al séptimo cielo personal cada vez que ellos me dan un beso, una buena noticia o un ejemplo positivo. Renuncio a esforzarme por conseguir lo mejor para ellos, a señalarles el camino que decidirán después si van o no a seguir y a esperarles con los brazos abiertos tras sus avanzadillas. Renuncio a consolarles tras sus penas de amores, a apoyarme en sus hombros en mis momentos de bajón y a animarles a levantarse y a seguir luchando después de una caída. Renuncio a sentirme parte de ellos, y ellos partes mías; y a considerarlos esa obra maestra creadora que su madre y yo hemos sido capaces de llevar a cabo. Renuncio a sentirme orgulloso cuando hacen bien las cosas, preocupado cuando se confunden y entristecido cada vez que se equivocan. Renuncio a sus llantos, sus dudas, sus miedos y sus desesperanzas, pero también a sus abrazos, sus juegos, sus miradas, sus bromas, sus sonrisas, sus expectativas y todos sus anhelos.

Renuncio a sentirme trascendente, inmortal, a seguir viviendo una vez muerto gracias al milagro de la genética y al legado que les transmití a mis hijos. Renuncio al amor más absoluto, desinteresado y pleno que puede experimentar una persona. Renuncio a todo eso porque lo ha dicho Anna Gabriel en Catalunya Ràdio.

O, pensándolo mejor, ¿saben qué les digo? Que renuncie su puta madre, entendiendo como tal no a la respetable señora que le dio la vida, sino a esa tribu de mierda a la que se refiere.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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