Los pequeños empresarios

Businessman Superhero With Sunset In City

Cada vez cuesta más ser empresario. De los de raza, me refiero, esos que se van construyendo a sí mismos a partir de un sueño o de un proyecto personal y emprenden su trayectoria luchando contra los elementos y las circunstancias adversas con dedicación, constancia y sacrificios. No hablo de los grandes potentados, los herederos de corporaciones todopoderosas ni de los magnates de lo ajeno, sino de ese tejido empresarial pequeño y esforzado que constituye el auténtico caudal para el desarrollo de esta España nuestra. Emprendedores, autónomos, gerentes de microempresas que se ven zarandeados por una crisis tormentosa que ya dura demasiado y que les ha obligado a alterar sus planes de ruta, improvisando reacciones mientras escuchaban a la politiquería (esos mismos que se refieren a nosotros como ‘la ciudadanía’) asegurar que no existía crisis.

Son, en su mayoría, trabajadores que por vocación o por necesidad hallaron en el autoempleo su camino y siguen en la brecha a pesar de la morosidad, la subida de las tasas, la obligación de adelantar el IVA antes de cobrarlo, el estancamiento del mercado, la inexistencia de ayudas estatales y otras tantas trabas. Cada vez precisan generar más plusvalías para hacer rentables sus negocios, porque los mordiscos a esos beneficios que generan son desorbitados y constantes. De su labor depende la supervivencia de numerosas familias —no solo las suyas—, a cambio de lo cual reciben con frecuencia menos contraprestaciones que reproches y muchos más quebraderos de cabeza que respaldos. Hablan los manuales de la soledad del empresario; y es así, sobre todo, a la hora de tomar las decisiones complejas. Pero esta soledad procede también, en muchos casos, de la incapacidad de nuestros gobernantes para tender puentes y favorecer esta actividad empresarial determinante en nuestra economía.

Son estos emprendedores, para colmo, los que más sufren muchas veces las secuelas de las huelgas generales o sectoriales de los trabajadores, las cuales paralizan la actividad económica nacional ahondando sus penurias.

Ellos ni siquiera pueden acceder a ese derecho. Solo les quedan las rabietas, el quebrarse cada día la sesera y el tratar de subsistir otro poquito, a ver si acaba de una vez esta crisis tan terrible que los iluminados anunciaron que no iba a producirse.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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