Belén Esteban, la princesa del muermo

Abrapalabra, Belén Esteban

Antes, cuando sólo había dos canales y muchos menos medios que deseos de hacer programas dignos, todos compartíamos una serie de nombres telegénicos que se habían sabido ganar nuestro respeto: Chicho Ibáñez Serrador, Joaquín Prats, Laura Valenzuela, Lolo Rico, Mayra Gómez Kemp… Nos gustaban, por eso los veíamos. Cierto es que no había donde elegir, pero sabían crear vínculos, comunicaban, sintonizaban con nosotros.

Ahora es muy distinto. Salvo honrosísimas excepciones —Matías Prats es la primera—, la caja tonta se ha vuelto aún más retrasada. Pese a los muchos botoncicos, recursos y canales existentes, nuestra capacidad de elección televisiva se encuentra hoy totalmente abotargada. Pueblan las pantallas frikis, chulos piscineros, busconas, haraganas, gañanes y descerebrados lamefamas cuya principal habilidad es caer mal y resultar odiosos, impertinentes o rastreros. A una buena parte de ellos los aborrecemos, y así lo manifestamos si tenemos la ocasión, pero lo paradójico es que continuamos viéndolos, como si una dependencia catódica nos enganchara a sus apariciones de un modo irresistible. Encumbrados por la popularidad que la audiencia les otorga, cuando los criticamos solo echamos más madera al horno que calienta sus carteras.

belen-esteban--aMira si no a Belén Esteban. Vulgar, ramplona, inculta, repetitiva y caprichosa, copa los espacios de televisión convertida en ídolo social. Sin más méritos que haber dado una hija a un torero tan palurdo y mediático como ella, con sus espontáneos gestos y vocablos de vinagre, desmedidos, hipnotiza a media España ante el televisor —quizá paralizados por su rostro espantosamente retocado—, a esos paisanos que reniegan o presumen de ella, alimentando a la bestia, la cual ya no se conforma con llenar la bolsa danzando perezosamente en un concurso amañado, sino que ahora ofrece su documental titulado, en otro alarde de arrogancia, ‘La princesa del pueblo’. Hace bien la tipa: va a ordeñar la vaca mientras pueda. Entretanto los demás la miramos abducidos: ni siquiera es simpática o cordial fuera de plano. «Pa qué, Andreíta y yo somos asín», farfulla entre los dientes mientras el regidor hace aplaudir a los presentes.

*   *   *

Artículo de opinión publicado en Las Crónicas, de El Periódico de Aragón, en septiembre de 2010. No ha hecho falta actualizar el contenido con las nuevas apariciones televisivas de esta “diva”: en realidad, sigue haciendo lo mismo un día tras otro.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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