Amor de padre

Amor de padre, Abrapalabra

Diego, ayer cumpliste dieciséis años ya. A mí me sigue pareciendo que fue ayer cuando te vi en el paritorio por primera vez, desde detrás de mamá, pegando alaridos y brazadas con esa misma energía que hoy mantienes. Ya eras, entonces, un auténtico guerrero: la comadrona no conseguía entubarte la nariz para poder limpiar tus orificios nasales, de hecho necesitó la ayuda de dos auxiliares para inmovilizar tus bracitos y tus pies. ¡Qué orgulloso te saqué en brazos hasta la sala de espera, para que tus abuelos pudieran conocerte nada más nacer! Y qué orgulloso sigo estando ahora de (casi) todo lo que haces.

Nunca has dejado de ser un diablillo encantador. Incluso cuando te metes con tu hermana Delia o chinchas hasta el cabreo a nuestra chiquitina Silvia, destilas clase y carisma. Tú y ellas dos me habéis enseñado muchas cosas. ¿La principal? He aprendido, de verdad, lo que es amar sin condiciones. Los padres queremos a los hijos por quienes son, no por cómo son. Con sus virtudes y sus defectillos, con sus logros y con sus fracasos. Con todo aquello que significáis.

Te has hecho un tío grande, y no solo porque hace meses que me pasas en altura, cosa por otra parte no demasiado difícil. Lo eres, sobre todo, porque reconozco en tu personalidad el esfuerzo formador que tu madre y yo hemos hecho desde que naciste. Y, aún así, nos queda mucho todavía por hacer a todos, sobre todo a ti, que tienes todo el futuro por delante.

No es sencillo sacar adelante una familia numerosa. Tres y dos son cinco. Pero las permutaciones, las variaciones y las combinaciones que afectan al universo cotidiano de una familia como la nuestra se elevan a la enésima potencia. Entrega incondicional, máxima energía, muchísima dedicación, recibos multiplicados y no pocos sacrificios sacuden a diario nuestra calma chicha. A cambio… la plenitud. La satisfacción de descubrir, gracias a vosotros, grandes placeres minúsculos, como celebrar tus sobresalientes y tus goles en el tiempo de descuento, descubrir en el cuello de  tu hermana mi propio olor dulzón o ver dormir a nuestra peque, a pierna suelta, tras un día muy largo.

Y, sobre todo, esa sensación de haber mejorado el mundo con vosotros. Ese anhelo creador satisfecho, esa comunión total con la persona amada —Noelia, vuestra madre— y esa trascendencia que, cuando llegue el momento, me permitirá retirarme a descansar plácidamente con la seguridad de que continuaré estando presente en este mundo gracias a mi estirpe.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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2 respuestas a Amor de padre

  1. oscar dijo:

    Precioso, Míchel. Empiezo a sentir el camino que tú ya llevas tiempo recorriendo. No puedo estar más de acuerdo.

  2. Es inimaginable todo lo que uno va descubriendo y disfrutando gracias a ellos.

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