Nueva vieja política

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Es mucho más fácil teorizar que llevar a cabo. Criticar que gestionar. Cuestionar que actuar con coherencia, continuidad y vocación de servicio. Muchos aseguran que el poder corrompe, que las tentaciones y las presiones en este gremio son tan grandes que acaba siendo muy difícil no caer en ellas, que el egocentrismo y la pátina política aumentan inexorablemente y que una miopía política exponencial acaba alejando a los candidatos de los problemas reales de sus electores en cuanto ocupan un escaño, una poltrona o una butaca en televisión. Que, cuando las maquinaciones estrategoelectorales se apoderan de su ser, ya no son capaces de pensar con sensatez.

Pablo Iglesias y Albert Rivera —o viceversa—, Podemos y Ciudadanos, irrumpieron en el panorama político nacional enarbolando el estandarte de la regeneración, la naturalidad, el sentido común y la transparencia. Se presentaron como el antídoto anticasta, cada uno a su manera: Ciudadanos posicionándose en el centro y apostando por el compromiso, el diálogo, la imaginación y el equilibrio político; Podemos, coqueteando con el populismo y apelando al descontento, la igualdad y un enfoque progresista para todos. Muchos desconfiábamos de los unos o de los otros, otros confiábamos en ellos. Pero lo cierto es que ahora, apenas unas semanas después de sus respectivos y moderados éxitos electorales —más bajos que sus expectativas, aunque suficientes para permitirles desempeñar un papel importantísimo en el devenir de España—, la mayoría de sus votantes han caído en la cuenta de que, en realidad, son más de lo mismo: personas ambiciosas que pierden la noción, y el equilibrio, en cuanto perciben los primeros efluvios del poder.

Podemos y queremos

No puedo estar más alejado de la ideología y el estilo político de la formación de Pablo Iglesias, pero debo reconocer que supieron apelar a la emoción de los votantes y decir a muchos de ellos lo que querían oír. Se presentaron como gente normal, trabajadores altruistas surgidos del desánimo de la ciudadanía y activos hasta entonces en un sinfín de plataformas. Su principal logro fue apoderarse del espíritu, las motivaciones y las consecuencias de la recién terminada movilización de indignados. Se erigieron como el látigo de Dios (ese que tanto detestan) capaz de terminar con la casta diabólica que nos oprimía, estafaba y sometía.

14581235649332Inmediatamente, tras las elecciones, dejaron muy claro lo que siempre han buscado: cargos, cargos y más cargos estratégicos para ocupar el poder cuanto antes y, posiblemente, comenzar a aplicar esas políticas chavistas y totalitaristas que han amparado y defendido intelectualmente en otros países. En cuanto ha habido cargos, nóminas públicas, dietas y dominios para repartir, los podemistas han comenzado a enfrentarse como perros hambrientos antes un guiso de cordero. El fulminante cese de Sergio Pascual, mano derecha de Errejón y secretario de organización del partido, es la última noticia que evidencia ese maquiavélico juego de tronos que se está llevando a cabo en esta formación, no tanto para salir en la foto —tienen la costumbre de ponerse todos juntos— sino para poder decidir cuándo, cómo y dónde se hace.

Por si fuera poco, con evidente cinismo, Pablo Iglesias coquetea con ese mismo candidato al que criticó despiadadamente en el proceso electoral y en su sesión de investidura, insistiendo en la conformación de un gobierno insostenible, compuesto por una caterva de partidos que solo tienen en común sus ansias de medrar.

Ciudadanos descentrados

Tampoco la formación naranja de Rivera —que personalmente me había despertado simpatías y expectativas favorables— está obrando como se esperaba de un innovador partido de Estado, equilibrado y centrado. Entiendo que se reuniera y llegara a acuerdos con el PSOE para intentar gobernar España, una vez que Pedro Sánchez había recibido el encargo real de formar gobierno. El diálogo, la capacidad de escucha y el compromiso por el bien común deben estar por encima de los nombres, las siglas y las logomarcas.

Sanchez-Rivera-equipara-Zapatero-Rajoy_EDIIMA20151130_0698_20Pero considero inadmisible su adhesión incondicional al Partido Socialista una vez fracasada la investidura de Sánchez y su obsesión por criticar al PP —en realidad, la única alternativa racional y viable que podría llevar a Ciudadanos a participar en el gobierno de España—. Su afán por presentarse como un partido siamés del PSOE pedrosanchista y de acudir juntitos, de un modo inseparable, a todas las comparecencias, las declaraciones y las reuniones la han convertido en una fuerza adlátere y, por eso mismo, prescindible.

Me parece un craso error. Y no solo porque descentra a su partido y decepciona a muchísimos de sus votantes, sino sobre todo porque le ha hecho perder el rumbo al colocarlo en una zona de nadie desde la que le va a resultar difícil impulsar la regeneración que prometía y participar en la mejor solución política que existe para nuestro país: la gran coalición entre los tres partidos constitucionalistas.

 

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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