Mendigar con videojuegos

Abrapalabra, Mendigar con videojuegos

“Es triste pedir, pero más triste es pasar hambre”. Detrás de este mensaje garabateado hay siempre una persona con una biografía desafortunada, desposeída de esperanzas, huérfana de dignidad. Nadie es quién para enjuiciarla, porque tiene tras de sí una historia, y unos motivos, que no le dejan otra alternativa.

No tengo derecho, por tanto, a escribir sobre mendigos; pero sí puedo reflexionar sobre la sociedad que los acoge, la nuestra, acostumbrada a arrinconarlos como si fueran escoria; molesta con ellos porque existen y tiene que “aguantarlos”, y desprendida solo en la adquisición de marcas anunciadas por televisión.

Así es mi sociedad. Una sociedad en la que pueden verse indigentes que hacen crucigramas, hablan por el móvil o juegan con la miniconsola mientras reclaman caridad; una sociedad en la que los desheredados no piden limosna, la exigen, e insultan al donante si juzgan su moneda insuficiente.

Puedo reflexionar sobre una sociedad que mira de reojo a los que venden La Calle, que se preocupa por dar limosna en Nochebuena y se olvida de hacer algo para convertir cada noche en una verdadera Noche Buena. Y al hacerlo recuerdo la historia del pordiosero neoyorquino que había escrito junto a su lata, vacía, estas palabras: “Soy ciego”. Un publicitario astuto y generoso le convenció para escribir un texto nuevo: “Mañana empieza la primavera y yo no la veré”. La lata vacía del mendigo se llenó de billetes y, con ellos, se redujo de carencias.

En una sociedad como esta, en la cual es necesario ser un poco vendedor para ejercer con posibilidades la mendicidad, no es de extrañar que al ver a un indigente nos preguntemos “qué habrá hecho para estar así” y no “qué podemos hacer para ayudarle”. Y me parece consecuente, en una sociedad así, que un vagabundo extienda al lado de su lata unos cuantos pasatiempos mientras reclama en nuestros corazones generosidad para su estómago.

Sin embargo, y afortunadamente, existe una minoría de personas comprometidas y altruistas que está tirando con fuerza de mi sociedad. Y cuando se producen catástrofes devastadoras mi sociedad reacciona, se muestra espléndida y apoya con todo a los damnificados. Por eso mantengo la esperanza de que, algún día, mi sociedad y yo nos volcaremos definitivamente con tantos y tantos desgraciados que, conviviendo con nosotros sin ser noticia en los telediarios, necesitan nuestra ayuda. Con todos ellos, incluso con los que echan una partida al Tetris mientras nos piden limosna, seremos generosos.

*   *   *

En diciembre de 1998 publiqué este artículo en el diario Noticias Jóvenes. Dos décadas después, poco o nada ha cambiado en nuestra sociedad.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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