La libertad de Otegi

Abrapalabra, libertad de Otegi

Por sí misma, la salida de un preso tras cumplir su condena en las cárceles españolas no es una noticia buena ni mala para los ciudadanos (excepto para sus allegados y sus víctimas), sino un hecho que refleja el funcionamiento correcto del país. Así, el desviado social salda su deuda con el colectivo y se reincorpora a la convivencia ciudadana, confiando en su rápida reinserción, que siempre va a estar en función de su arrepentimiento, su voluntad y  su capacidad de aprendizaje. Por supuesto, sabemos que esto no siempre sucede, lo cual podría abrir otro debate para dichos casos específicos: el de la cadena perpetua revisable.

Abrapalabra, Otegi en libertadPero no quiero apartarme del tema principal de este artículo: la libertad de Arnaldo Otegi después de haber pasado seis años y medio en la cárcel, tras haber sido declarado culpable —en un juicio justo y con las garantías que proceden en los países democráticos— de pertenencia a banda armada. Tal vez sea exagerado o demagógico calificar a Otegi de asesino, posiblemente nunca ha llevado encima una pistola ni ha disparado contra nadie. Pero intelectual, anímica y políticamente siempre disculpó, respaldó, amparó y exaltó a esos asesinos de ETA que solo sometieron a sus 829 víctimas mortales al juicio del odio, la sinrazón y la psicopatía.

Sé, gracias al trabajo documental que realicé para escribir mi novela Psicario, que Otegi desempeñó una importante función en las conversaciones con el estado español que culminaron con el último alto el fuego de la banda terrorista. Con su congelación actual. Es verdad que algunos pueden emplear el dato como un factor a su favor. Pero no nos engañemos, Pablo Iglesias y secuaces, un hombre de paz no es alguien que la busca con fines interesados, maquiavélicos, bastardos. En este caso, y eso está fuera de dudas, sus motivos fueron los mismos objetivos independentistas que alentaron la aparición de ese terrorismo atroz que él nunca ha condenado. Cuando los intelectuales abertzales entendieron que la lucha armada los alejaba de la independencia vasca, decidieron que desmontar el chiringuito etarra era el paso lógico. Por eso, Otegi, ese gran hombre de paz, se movilizó para alcanzar —con los entonces dirigentes de ese Estado que todavía combate— una solución operativa y estratégicamente favorecedora para sus intereses.

Abrapalabra, Pablo Iglesias y OtegiTampoco, Pablo Iglesias y su legión de imitadores, Otegi fue encarcelado por sus ideales. Él apoyó a una banda criminal, asesina, terrorista. Las pruebas presentadas en el juicio demostraron que colaboró con ella. Aplicar en este caso la calificación de cárcel por ideas supondría, en la práctica, no poder condenar jamás a nadie: el estafador se apoya en sus pensamiento de enriquecimiento rápido para delinquir, el psicópata cosifica en su cabeza a las víctimas y no concibe estar causando un daño irreparable, el pederasta se cree con todo el derecho para ejercer su libertad sexual. Es cierto, líderes populistas del planeta, que nadie debería ir a la cárcel jamás por sus ideas. Y en los sistemas democráticos, como el español, esto no ocurre. Sí pasa en Venezuela, por ejemplo, motivo por el cual la salida de prisión de Leopoldo López ha sido celebrada por todos los demócratas del mundo.

Abrapalabra, Anna Gabriel y OtegiFrivolizar verbalmente con el terrorismo significa hacerlo con el dolor de las víctimas e incrementar el sufrimiento ajeno. Resulta insensible, escandaloso, improcedente y absolutamente interesado. Está claro que ningún encapuchado de ETA le descerrajó un tiro en la nuca o le lanzó un cóctel molotov a ninguno de vuestros seres queridos. Algo que tampoco debió de sucederles a los de Anna Gabriel, la parlamentaria catalana de las CUP que luce un peinado revolucionario inspirado en las pelucas de Playmobil. “No le llegas a Otegi a la suela del zapato, subnormal”, le espetó a otro diputado del PP. En realidad, una persona que utiliza la palabra “subnormal” para insultar a otra se califica a sí misma. Y, desde luego, no es “mujer de paz” la descripción que se me ocurre.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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