Padrenuestro… y madre mía

Woman with Rosary Beads

Gracias a Dios, vivimos en un país de libertades. La libertad de expresión es una de ellas, fundamental sin duda, pero no menos que otras libertades civiles que también están protegidas por la Constitución y el Código Penal. Como la libertad de culto, que reconoce el derecho a practicar, si uno quiere, la religión que desee sin recibir ofensas ni coacciones. La última movida institucional a este respecto vuelve a tener como protagonista a una corporación vinculada al polemista partido podemita. Ada Colau, la alcaldesa electa de la Ciudad Condal, permitió y aplaudió que los premios Ciutat de Barcelona de este año dejaran de ser un evento cultural estético, simbólico y global, que homenajea a personas destacadas, para convertirse en un nuevo esperpento mediático —zafio, vulgar y chapucero— de desprecio a la fe católica y a sus practicantes.

La poetisa Dolors Miquel —cuya trayectoria literaria desconozco y que, desde luego, a partir de ahora no tengo el menor interés en descubrir— debió de sentirse iluminada por las musas progresistas cuando escogió este poema blasfemo para deleitar a los asistentes al evento. El texto, que resultaba improcedente, desagradable, socorrido, estúpido e hiriente, ni siquiera contaba con la imprescindible y exigible chispa creativa. Hablar sobre la genitalidad femenina mediante una oración católica es, desde luego y a conciencia, una decisión provocadora. Pero, sobre todo, fácil, interesada y ramplona. Parece ser tendencia entre los culturetas progres y los indignados crónicos atacar a las creencias e instituciones religiosas. Rectifico: en realidad solo lo hacen con la fe católica. Quizás porque es la religión del perdón. Porque saben que tras los titulares, el revuelo y el protagonismo mediáticos, no habrá más consecuencias que las palmaditas insensibles de su tribu y alguna reacción ninguneada de los que ellos siempre califican como ultracatólicos, sin discriminar si se trata de un sacerdote rural, de un feligrés socialista o de un supernumerario del Opus.

Captura de pantalla 2016-02-18 a las 18.38.01No me imagino a Dolors Miquel en modo Salman Rushdie, mutando unos versos del Corán en loa de los labios vaginales, el clítoris, los pechos y los glúteos femeninos, utilizando su excepcional manejo de sinónimos soeces para nominarlos. La Yihad le da respeto. Prefiere hacerlo con el Padrenuestro, la oración más balsámica del catolicismo, que tanta paz, consuelo y esperanza ha sido capaz de transmitir. La poetisa enseguida declaró que “no quería ofender a nadie”, lo cual me hace pensar que, en tal caso, en vez de torpe es una cínica o una insensible —un rasgo incompatible con su presunta condición artística—. ¿De verdad piensa que para glosar la maternidad es necesario hacer un cover tan grotesco de esta oración cristiana? ¿De verdad que nunca imaginó que provocaría un sarpullido emocional en los creyentes? Si lo hizo con conciencia de causa, lo lamento; pero si no lo ha hecho de este modo, me anonada y desconcierta. Lo que lamentablemente no me extraña tanto como debería es la complacencia de la corporación de Ada Colau para convertir este esperpento poético en ingrediente de un evento cultural solemne, institucional y dirigido a todos: agnósticos, ateos y creyentes. Pagándolo, como la gomina de Santisteve, con el dinero de los contribuyentes. El que todos aportamos, incluidos los católicos.

Cada vez más voces aseguran que esta presencia en los medios, escandalosa y constante, no es casualidad ni falta de acierto en las hordas de Podemos, sino una actitud y una estrategia que ya fue empleada con éxito, no hace tanto, por el chavismo venezolano. Se trata de copar los tiempos y los espacios de la comunicación. De que se esté hablando permanentemente de cuanto hacen. De que se cuestionen y se tambaleen, por mor de esta erosión, las fórmulas, pautas e instituciones consideradas sólidas. Que hablen de Podemos y los suyos, vamos, aunque sea bien. Por desgracia, la ciudadanía —esa horrible palabra que llena ahora la boca de todos los chupipolíticos de pro— nunca discrimina. La repetición, el grito, la ofensa, la exhibición y el espectáculo masivo adquieren, de este modo, la condición de verdad.

Y, mientras tanto, Pablo Iglesias insiste en ser el vicepresidente del gobierno, en controlar la televisión pública y el ministerio de Interior de esta España nuestra. Madre mía, que el porvenir nos pille confesados… (Pero no por un cura católico, no vayan a ponernos otra cruz).

 

Anuncios

Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
Esta entrada fue publicada en Actualidad y opinión y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s