Un velo en los ojos

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Sin ánimo de herir sensibilidades y respetando a todas las culturas, considero inapropiado cuestionar la libertad educativa de los centros escolares españoles. La voluntad de un individuo nunca puede estar por encima de las normas generales, por mucho que la tolerancia y el respeto a las minorías enmascaren la realidad. La polémica suscitada en torno a Nawja, la joven marroquí que se ha visto obligada a abandonar el instituto Camilo José Cela de Pozuelo para seguir llevando el velo en clase, está viciada en el enfoque. Manteniendo, insisto, mi respeto a la voluntad de esa familia, el caso de Nawja es, esencialmente, un acto de indisciplina. El Consejo Escolar del centro al que pertenecía cuenta con un código interno aplicable a todos los alumnos. Este reglamento establece los valores y las pautas de convivencia que rigen en ese instituto. Como en cualquier grupo social, todos deben conocerlos, asumirlos y respetarlos; solo así la relación, el bien común, será posible. En este caso, una de las normas establece que los alumnos no pueden permanecer en las aulas con la cabeza cubierta. No se admiten sombreros, gorras, capuchas, camauros, kipás, turbantes ni cubre-cabeza alguno. El velo islámico, lo mismo que el pañuelo palestino y por supuesto el burka, no pueden ser una excepción.

España es un país de Derecho. Por eso Nawja y su familia, como cualquier nativo o inmigrante, pueden ejercer su libertad desde el respeto a las leyes existentes. Dichas leyes, como el Reglamento Interno del Camilo José Cela de Pozuelo, marcan las pautas de actuación en torno a un modelo de convivencia social predefinido. En teoría, el emigrante que ha elegido España como destino debería conocer, y aceptar, ese marco social de referencia. Así, los familiares de Nawja deberían conocer también las normas del instituto en el que estudia su hija. Y tienen la absoluta libertad, como cualquier otra persona, de discrepar de esas normas y, en un ejercicio de coherencia, cambiarse a otro centro con el que se identifiquen mejor, en el cual esté permitido cubrirse la cabeza dentro del aula.

La solución al problema ha sido, pues, la lógica y sensata. La pregunta es qué hubiera ocurrido si, en lugar de Nawja y su hiyab, hubiésemos hablado de Ramón, Juanico o Pilar con una gorra de Los Lakers.

No habría habido debate.

Ni siquiera cambio de instituto.

*   *   *

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Artículo de opinión publicado en Las Crónicas, de El Periódico de Aragón, en abril de 2010. El tema, que traté con mayor profundidad en mi novela Talión, sigue estando de absoluta actualidad.

 

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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