El desencuentro

Karate man in white kimino

Se encogió un poquito más en el asiento y mantuvo a duras penas la expresión de póquer mientras el furor se hacía masa amorfa en la boca de su estómago, llenándole de fuego el ánimo y de reproches el entendimiento. Su jefe le está hablando con un tono engolado, tan viscoso que se hace cera en los oídos, escupiendo cifras sobre ventas, porcentajes y pérdidas continuas. Sigue siendo un papanatas con un padre forrado, un despacho guay y un cargo heredado que le queda grande. Aprecia un gesto contraído en el hablante e interpreta que, como él, está violento. Ese pensamiento lo arrebata. Anhela abandonar la habitación, pirárselas bien lejos y no volverle a ver la jeta a ese pamplinas, el cual sigue enrocado en su preámbulo estúpido sobre el futuro de la compañía. Solo quiere que le diga de una vez que lo echan a la calle. ¿Por qué si no lo ha convocado a esa reunión intempestiva? Es cierto que la empresa no funciona: la facturación ha descendido y otros más antiguos que él ya han sido despedidos. Ahora le habla de compañerismo, espíritu de equipo y afán de superación…

—¡Tu puta madre! —explota el exabrupto sin quererlo, brotando entre sus labios inconscientemente y haciéndole poner tal gesto de boniato que se crece y larga, sin talento, lo que tanto tiempo ha silenciado. Se explaya con tal excitación que pierde el miedo, las formas, el respeto y hasta el móvil, que se estampa contra el suelo mientras se levanta y gesticula como un diablo—. ¡Eres un niñato pijo a quien nadie soporta! ¡Un incompetente chulomierda que está hundiendo el negocio!

El otro no entra al trapo. Pero la enajenación le impide darse cuenta y huye hacia delante. Acaba enganchado a su solapa con aires de gorila:

—Te partiría la cabeza si no fueras un crío. ¡Dame el finiquito de una vez y déjate de rollos! Si intentas estafarme te llevaré a los juzgados —le espeta, con menos vehemencia, al tiempo que lo suelta.

Antes de responderle que no lo ha preparado, entra el padre de la criatura con su sonrisa más franca y el suelo se derrumba al escuchar sus palabras:

—¿Ya le has informado del ascenso? Qué os pasa a los dos, ¿a qué vienen esas caras?

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[Relato escrito y publicado para la revista IDN. Abril 2010]

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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