Escribir por narices

Rollstuhl als Hilfe fr Menschen - behindert, gehbehindert, gelhmt

NO SOY EL ESCRITOR DE ESTE ARTÍCULO. Tal vez debería comenzar así, emulando a la novelista cubana Zoé Valdés porque, siendo sincero, las palabras que ustedes van a leer me las dictó con su ejemplo Francis, un muchacho excepcional a quien conocí este verano. En Torrevieja encontré su sonrisa permanente y contagiosa, sus cabellos revueltos, y sus ojos oscuros, curiosos, exultantes, protegidos del mundo (y conectados a él) por dos enormes lentes que compensan su miopía. Y encontré también su nariz, alargada y literaria como los dedos de Cervantes…

Recibí su primera comunicación rústicamente impresa sobre una tira de papel. “Me llamo Francis, y escribo por narices”, leí mientras él ladeaba su cabeza alegremente y dibujaba con su boca carcajadas que nunca llegarían a escucharse. Mordió el espumillón-volante de su vehículo y giró sobre sí mismo hacia la pista. Bailó siguiendo el ritmo de la música (le encanta), disfrutando divertido sobre la silla de ruedas que siempre le acompaña. A propósito, casi lo olvidaba: Francis es tetrapléjico. Desconozco su historia, qué le ocurrió, aunque apenas importa: no es ese el motivo por el cual protagoniza este artículo; lo que lo hace ejemplar es su actitud, el ánimo con el que contagia su desbordante alegría juvenil, sus ganas de vivir; y su manera de hacer amigos, e historia, mientras va escribiendo con inmejorable pulso renglones insustituibles de su biografía.

Mientras tomaba un refresco con un par de amigos (senegalés él, cubana ella; casualidades étnicas de la vida), Francis se acercó hasta nosotros y tecleó con su nariz animosas palabras cargadas de vitalidad y buen humor. Él es así, siempre satisfecho. Contemplamos su mirada sincera, sin dobleces, la de quien está agradecido por ser capaz de disfrutar cuanto posee; y el cartel sobre el manillar de su silla requiriendo nuestra atención: “Coge la tira de papel y lee”. Y leímos. Y los tres (el africano, la sudamericana y el europeo) sentimos al instante idéntica admiración: el reconocimiento de lo bueno no conoce fronteras.

Noche tras noche, al pasar a mi lado, se detenía para saludarme y dialogábamos brevemente (hablándole al oído, leyendo sus mensajes). No le escuché jamás (o leí, qué importa) el más mínimo reproche, ni siquiera un lamento. Al inclinar su cabeza sobre el teclado portátil que le une al mundo, al utilizar su alargada y literaria nariz para expresar su grandeza interior, arrincona sus pesares (si es que los tiene) y va regalando pequeñas tiras de papel repletas de buen humor, de entusiasmo, de amabilidad, de alegría… Y con su ejemplo, pese a su silencio perpetuo, va proclamando a viva voz que hay que echarle narices y levantarse ante la adversidad por insalvable que parezca; que hay que ser valientes para asumir nuestras limitaciones y compensarlas, para afrontar cualquier problema, para seguir luchando…

Francis es un joven rebelde, con enorme personalidad y fortaleza. Algo que, según me cuentan, aprendió (o heredó) de su padre. Y es que, cada mañana, sin faltar ninguna, ambos se levantan muy temprano y pasean felices por las cálidas playas de Torrevieja. Acurrucado entre los amorosos y fatigados brazos de su progenitor, Francis percibe el sonido entrecortado de su respiración, el latir acelerado de su corazón (por el esfuerzo, por la emoción), el sonido de sus pisadas sobre la arena húmeda, el mar a su costado, la brisa refrescando su rostro, el sol bañando su persona. Y se siente dichoso al disfrutar el paternal contacto de quien le ha enseñado a amar la vida, y a perseverar en busca de la felicidad.

De este modo, padre e hijo comparten cotidianamente su alegría de vivir. Son afortunados, porque son plenamente conscientes de que el fin último (y primero) de la vida, es vivirla. Y la viven bien.

Si todos aprendiéramos de Francis, él se alegraría más que nadie.

Porque, amigos lectores, a veces olvidamos algo elemental: la vida es para vivirla. Echémosle narices… ¡vivamos!

Y vivamos lo mejor posible, como Francis.

*   *   *

Escribí y publiqué este artículo en el periódico Noticias Jóvenes en noviembre de 1997. Todavía recuerdo la energía positiva que transmitía Francis. Ignoro qué habrá sido de él; aunque no me cabe duda de que, si sigue vivo, seguirá echándole narices a la vida.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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