Políticamente incorrecto

Spain Flag on wood background

Una vez terminado el tsunami informativo preelectoral, y tras el baño de realidad ciudadana que ofrecieron los resultados de las elecciones generales, los partidos políticos deben ser capaces de interpretar lo expresado por los ciudadanos y empezar a hacer política de verdad, de la buena, de la que nunca se conforma con el aquí y ahora. La diversidad electoral de España sugiere la necesidad de un entendimiento entre partidos, por encima de los intereses partidistas —y personales— y en beneficio de las auténticas necesidades del país.

Tras las primeras semanas de contactos entre candidatos, sin embargo, tengo claro que no está siendo así. Veo las mismas actitudes enrocadas de siempre, la obsesión por garantizarse una mejor pole position en los siguientes comicios y el ansia de seguir medrando un poco más en casi todos ellos.

La sociedad ha votado diversidad, es decir: diálogo, entendimiento, negociación. Intercambio y apertura. Se acabaron las políticas impuestas ante una oposición intrascendente. Es preciso hablar. Entenderse. Cerrar acuerdos. Gobernar desde el sentido común y hacia los intereses que nadie cuestiona, porque los compartimos todos.

El impacto de los pactos

Nunca me he considerado un analista político, pero trato de aplicar el sentido común en todo lo que hago: en mi familia, en el trabajo, en la literatura, en el día a día. Nada más ver el resultado electoral del 20-D comprendí que iba a ser imposible formar un gobierno estable sin cambiar el paradigma mental —y colectivo— de los partidos políticos.

RAJOYInocente de mí, pensé por un momento que teníamos una magnífica ocasión para impulsar pactos globales en lo realmente importante: ¿o acaso no podía ser posible que tres de los partidos más votados se pusieran de acuerdo en materias como el terrorismo, la educación, la soberanía nacional, la justicia y las relaciones internacionales? ¿Tan difícil es sentarse, hablar, lanzar propuestas y plantearse hacer política conjunta, sin mirarse el ombligo ni el carné del partido, centrados exclusivamente en los verdaderos intereses nacionales? ¿De qué sirve, por ejemplo, aprobar la enésima ley de educación partidista si en la posterior legislatura va a ser derogada por el gobierno —distinto— de turno? Obligados por las circunstancias, los problemas se convierten en oportunidades cuando se afrontan con asertividad, voluntad y apertura.

Pablo-Iglesias-Felipe-Gonzalez-caricatura_TINIMA20140530_1002_18Pero, claro, nos faltan estadistas. Hombres de estado capaces de renunciar a sus prebendas y ambiciones personales en beneficio del bien común. Un gran pacto de estado entre PP, PSOE y Ciudadanos podría ser el punto de partida para crear un gobierno compacto, comprometido y solvente, que pudiera reforzar esa estabilidad y prosperidad económica que nuestro país necesita. No importa quién fuera el presidente —en esto coincido con Podemos, ¿por qué no una persona independiente, conciliadora y simbólica?—, sino que ese gobierno estuviera integrado por gente preparada, cualificada, con un espíritu de servicio tan solo comparable a su imaginación y talento. ¿O acaso solo existen personas cualificadas para dirigir y gestionar en los partidos políticos?

Salvo que me equivoque muchísimo, veo al país abocado a unas nuevas, dilatorias y paralizadoras, elecciones muy a corto plazo.

Nuestros líderes tras las elecciones

albert-riveraTodos los candidatos están viviendo ahora una etapa teatral de discursos artificiales, gestos medidos y roles asignados. Veo a Mariano Rajoy resignado a la realidad, incapaz de formar un gobierno estable “solo o en compañía de otros” porque la química, más que las matemáticas políticas, no se lo permiten. Voluntarioso y aleccionador, en su papel de ganador perdido, se siente inmovilizado por la realidad y es consciente de que su futuro como expresidente parece estar mucho más próximo que antes del 20-D.

En cuanto a Pablo Iglesias y Podemos, se están dejando querer porque saben que sostienen la sartén por el mango. Su tendencia alcista de votantes durante los últimos días de campaña, que no les sirvió sin embargo para desbancar al PSOE como primera fuerza progresista, les anima a pensar que serían los más beneficiados en unas nuevas elecciones. Así que siguen aferrándose a su discurso electoral y eso les niega —en la práctica— la capacidad de negociar e incorporarse a un gobierno de izquierdas encabezado por Pedro Sánchez, el cual, por otra parte, debería integrar a tal cúmulo de opciones y variantes minoritarias que resultaría después imposible de consolidar. ¿Para qué va a aliarse Podemos con el PSOE, en función a los más firmes criterios de egoísmo partidista, si la patata caliente la tienen más que nunca los socialistas, que hagan lo que hagan van a salir perjudicados? Si apoyan al PP con su abstención, muchos de sus votantes se sentirán traicionados y se marcharán más a la izquierda —Iglesias y Errejón cuentan con ello—; si gobiernan en minoría —cosa harto improbable—, el desgaste socialista resultaría exponencial por lo que, a medio plazo, continuarían cayendo; y si se ven obligados a forzar una segundas elecciones —lo más factible—, la parálisis de estado demostrada hará que muchos de sus electores consideren a Podemos como una mejor opción de cambio, al tiempo que sus votantes de centro se plantearán escoger a Ciudadanos como alternativa.

pedro_sanchez_9404_645xAsí que auguro  unas inmediatas elecciones. Interpreto todos los mensajes y los gestos actuales como una puesta en escena, tan evidente como interesada, de cada partido y candidato. El objetivo es claro: posicionarse mejor ante los próximos comicios, incapaces como son para llegar a acuerdos globales en beneficio de todos. Puestos a imaginar, me da que en esas elecciones los votos se polarizarán hacia el PP y hacia Podemos, siendo Ciudadanos y, sobre todo, el PSOE, los grandes damnificados de esos nuevos resultados. Estoy especulando, desde luego. Pero a veces el sentido común es pariente del acierto. No me extraña, así, el gesto compungido de Rajoy ni la imagen artificial, cada vez más descreída e impostada, de Pedro Sánchez. Percibo a Albert Rivera preocupado, porque carece de capacidad para influir en lo que está ocurriendo, y a Pablo Iglesias exultante, aunque meditadamente contenido, aguardando el desenlace de ese guión que puede llevarles en volandas.

Entre tanto, pobrecita España… y pobres de nosotros.

 

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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  1. Pingback: Anticipando elecciones | ¡Abrapalabra! El blog de Míchel Suñén

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