Miércoles y domingo

Captura de pantalla 2015-12-28 a las 11.00.43


KYI
dejó de vestir htamain. Cuando se pasó a la moda occidental desató el nudo doble giro de su lungui y comenzó a mostrar su ombligo bajo cortas camisetas y ceñidos tejanos. Sonriendo con esa vitalidad sabia de los orientales, se incorporó a la vida urbana con determinación, sin añoranzas ni ataduras. Fue entonces cuando conoció a Thant, un muchacho amable del que se enamoró en un par de citas. Sus besos eran suculentos como curry caliente, sus manos adorables como una seda fresca. Vivieron un noviazgo proyectado al casamiento, tan apasionado que olvidaron sus raíces. Dicen que en Myanmar se vive una esquizofrenia religiosa incomparable, pues los birmanos alternan la meditación budista con el culto a los astros y las ofrendas a espíritus, a los que llaman nat. Su superstición no tiene límites. Para ellos, calendario, nombres y horóscopo están regidos por los astros. Especialmente determinante es el día en que se nace —más que el mes o el año—, pues establece compatibilidades e incompatibilidades en cuestiones tan triviales como cortarse las uñas o lavarse el pelo. La creencia popular les lleva incluso a descartar uniones entre personas nacidas en domingo/miércoles, lunes/viernes y jueves/sábado, todos ellos pares negativos, pero eso lo hacen cuando todavía no están enamorados, a priori, antes de haber entrelazado sus almas y sus corazones en un proyecto de vida compartida.

Cuando Kyi supo que Thant nació en domingo, disimuló con una broma que no logró ocultar su preocupación. Ella, como Buda, nació en miércoles. Sus astros no eran compatibles. Según la tradición estaban condenados a la desunión, al imposible entendimiento. Aquello no era como el lungui, que podía plegarse y guardarse en un armario; era su amor, su suerte, su futuro lo que estaba en juego. Movida por impulsos ancestrales, viajó días después a la pagoda Shwedagon y, cumpliendo con el ritual en homenaje a Mercurio —su planeta—, llenó y vertió vasitos de agua antes de depositar unos costosos presentes. Pasó allí todo el día. Volvió más reconciliada con su credo, confortada en la seguridad de haber compensado el mal fario de miércoles/domingo.

Su novio, Thant, fue mucho más práctico. Pagó para que falsificaran su partida de nacimiento y convirtió el domingo en sábado, uno de los días favorables. Después le dijo a Kyi que se había equivocado al recordarlo.

No se sabe cual de ambas acciones revirtió la mala suerte; pero Kyi y Thant se casaron, fueron felices y comieron tallarines de arroz, que no perdices.

*          *          *

Colección Enseres Personales, El Atrapamundos. Junio 2011

Anuncios

Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
Esta entrada fue publicada en Otros relatos y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s