Un debate y un “de-water”

Captura de pantalla 2015-12-17 a las 15.40.33

Llevo unos cuantos días decidiendo sobre la conveniencia o no de redactar este post. Por un lado, el exprofesor de oratoria que hay en mí me animaba a pronunciarme al respeto; por otra, el ciudadano saturado de campaña electoral que soy se resistía a darle más bombo y platillo al tema. Al final me he decidido a escribirlo, aunque con un enfoque despegado y acientífico, emotivo, carente de sesudas consideraciones o análisis grandilocuentes.

El debate a cuatro ofrecido por Atresmedia el pasado 7 de diciembre nos queda ya un poco lejano, precisamente por eso mis comentarios han sido cribados por la memoria, que siempre es selectiva, lo cual parece asegurar una mejor elección e idoneidad de mis consideraciones. Para empezar quiero decir que, en general, me parece inapropiado hablar de un ganador en este tipo de debates. ¿Quién gana en realidad cuando cada uno está jugando partidos diferentes? Pedro Sánchez se enfrentaba al PP por la presidencia, pero también a Podemos por el voto de la izquierda y a Ciudadanos por el centro izquierda. Albert Rivera luchaba con Pablo Iglesias por el liderazgo de lo que ambos denominan «nueva política», contra el PP por la conquista de los votantes del centro derecha y contra el PSOE. Podemos pugnaba contra todos, mientras que Soraya Sáenz de Santamaría se enfrentaba también contra sí misma, pues además de resistir los envites de sus contertulios debía justificar su presencia en lugar de la de su candidato a presidente, Mariano Rajoy.

Un póker de candidatos

Captura de pantalla 2015-12-17 a las 15.40.06Debo decir que me gustó el formato del debate: resultó dinámico, interesante y revelador. La puesta en escena con los oradores de pie es, desde luego, realmente exigente: dos horas así, en tensión mental y psicológica, sin apoyos ni barreras de comunicación —ya que los atriles se emplearon como aparadores—, suelen generar serios problemas. Considero a Albert Rivera el orador más eficaz de los cuatro: el único capaz de abandonar los tics de la oratoria política norteamericana —guionizada y mecánica— para recrear su discurso de manera permanente, adaptándolo a cada nueva circunstancia sin dejar de ser él mismo —y por ello auténtico e imperfecto— ni convertirse en un mero emisor de eslóganes precocinados. Aparentó esa noche, sin embargo, un mayor nerviosismo que sus oponentes: sus pies —su lenguaje corporal— cobraban vida propia por momentos y sugerían en los planos de la televisión una sensación de inestabilidad y, por lo tanto, de inseguridad.

Sánchez, Iglesias y Soraya Sáenz se ajustaron mucho más a esa precisión y ese control de la oratoria política preconcebida y telegénica, preelaborada, dirigida siempre por los asesores de comunicación. En ella, los emisores son actores que se aprenden —y representan— un papel, una actitud y unos textos prefijados. Captura de pantalla 2015-12-17 a las 15.41.09Pablo Iglesias también comenzó su andadura alejado de esta técnica: tras el 15 M y en los inicios de Podemos, la naturalidad de sus discursos —y su cercanía— eran muchísimo mayores. Con la llegada y el avance de esta campaña electoral he ido apreciando en sus intervenciones menos espontaneidad, más proclamas prefabricadas y una mayor artificiosidad en el mensaje. Pese a cometer errores plásticos y conceptuales —el boli acusador en su mano para templar los nervios, los cercos de sudor en sus axilas y los datos y afirmaciones erróneos deslizados—, se mantuvo incisivo, rápido y adecuado en el debate. Utilizó muy bien esa sonrisa favorecedora que la naturaleza le ha dado —y sus asesores le animan a mostrar—, se mantuvo en su papel y brilló especialmente en su alegato final, ese último minuto que supo dirigir a la emoción utilizando imágenes mentales poderosas y recursos expresivos. En esto fue el mejor de los cuatro, aunque me pareció forzado el gesto final del puño dirigido al corazón: no me resultó creíble. Después me enteré de la similitud del mismo con un signo chavista. Y aún me lo creí menos.

Captura de pantalla 2015-12-17 a las 15.40.44Pedro Sánchez me pareció correcto. Con su espléndida presencia y su porte de galán, lo vi fluido aunque impostado, transmitió serenidad, control, autodominio, y no le recuerdo errores excesivos… ni aciertos significativos. Soraya Sáenz de Santamaría, por su parte, justificó por qué su jefe la eligió a ella. Su experiencia como vicepresidenta le permitió dominar cualquier tema tratado, no en vano lleva casi cuatro años trabajando en ellos a diario. Me resultó perspicaz, ágil en la réplica, desenvuelta, segura y contundente en el discurso. Supo afrontar tanto las duras como las maduras, y tal vez podría haberse podido decir que superó a los otros a los puntos… si ella hubiera sido el candidato a presidente en estas eleccionesCaptura de pantalla 2015-12-17 a las 15.40.17Como no es el caso —y aun comprendiendo desde un punto de visto estratégico la decisión del PP de proteger a Rajoy—, mi reflexión es que no hubo ningún ganador global en el debate, sino una sucesión de escaramuzas con victorias y derrotas parciales que cada uno decidió después interpretar a su antojo.

No está claro cómo influirá este debate en el resultado de las elecciones, pero es incuestionable que cada interlocutor triunfó sin discusión entre sus acólitos —por cierto, qué penica dieron los asesores de cada formación comentando lo ocurrido con tal nivel de parcialidad que parecían marcianos—. La pregunta clave es: ¿cómo percibieron el debate los votantes indecisos? Nunca lo sabremos, tal vez ni siquiera quiénes son ni qué les mueve.

El cara a cara salió cruz

El debate a cuatro me pareció aún más destacable si lo comparo con el cara a cara posterior de Sánchez y Rajoy. Me resultó aburrido, predecible, farragoso, caduco, improductivo, despreciativo y tabernario. Pedro Sánchez siguió el guión que le habían entregado y se limitó a atacar y atacar como un bulldog enzurizado por su dueño, mientras que a Rajoy lo vi blando, apagado, casi abúlico… hasta que reaccionó con esa «afirmación ruiz, mezquina y miserable» que lo igualó por abajo con su contertulio. A partir de ese momento el mensaje dejó de ser valioso, porque la comunicación degeneró en una sucesión de ataques y de «tú más» que solo alimentaron la incomprensión y la crispación en los espectadores.

En este debate sí lo tengo claro: ganaron los ausentes. Incluida Soraya.

Captura de pantalla 2015-12-17 a las 18.35.47

Anuncios

Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
Esta entrada fue publicada en Actualidad y opinión y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Un debate y un “de-water”

  1. Pingback: Un debate 4 x 4 | ¡Abrapalabra! El blog de Míchel Suñén

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s