Deuda de honor

Albania

ZANA BOGDANI vive condenada desde hace dos semanas. Será otra víctima del Kanun, el código civil redactado hace 500 años por el héroe albanés Leke Dukagjini, que basándose en el más alto concepto del honor codifica estrictamente la venganza. La muchacha vive ahora en una casa entre montañas, recóndita, con ventanas como saeteras y el miedo, la soledad y la amenaza como compañeros. Es el exilio interior, en el que no hay esperanza.

Su hermano Spahia fue acribillado con un kalashnikov hace seis días: no consiguió regresar a la casa familiar de Shkodra, la cual se vieron obligadas a dejar tras el suceso. Sus asesinos vertieron la sangre del chaval para aplacar temporalmente las ansias de venganza. Murió a causa del padre. Su cuerpo permaneció durante horas en un charco de vísceras, inerte, desprovisto ya de porvenir y de ilusiones, agujereado por el odio, la sinrazón y la incultura. Decidieron enterrarlo en la clandestinidad por temor a un nuevo ataque. No estuvo allí papá, según los asesinos el único culpable de su muerte, pues huyó para salvarse. Previamente, durante el fin de semana anterior, en una disputa originada por ciertas deudas de juego, fue golpeado por un tal Ismet Vukai y perdió el control, la paz y la conciencia cuando vació el cargador de la pistola sobre su oponente, iniciando el espectro de sinrazón y exterminio que ahora sacudía a su familia.

Consciente del destino que se le abalanzaba, sabedor de que los hijos de su víctima más pronto que tarde protegerían su honor con la venganza, desapareció cobardemente abandonando a los suyos. Ni siquiera vio el cadáver de Spahia tendido como un fardo en el arcén de aquella carretera, así que no experimentó arrepentimiento ni pesar por su conducta.

Su hija y su mujer, no obstante, saben que la sed de mal no está saciada. Establece este código albanés que los parientes de un asesino pueden ser abatidos durante los catorce días siguientes a su crimen. La tradición extiende el plazo a va-rios años. Y aunque las mujeres apenas cuentan con derechos en el Kanun, que las considera ‘sacos portadores de objetos’, Zana es la primogénita del homicida huido, y tratarán de eliminarla, porque en la actualidad las venganzas de sangre implican siempre a toda la familia. Su madre, vestida de luto riguroso y con un pañuelo áspero cubriendo su cabeza, muestra una expresión vencida, mezcla de incredulidad, resignación y sufrimiento. Ni siquiera amaba a su marido, con quien los progenitores pactaron ese matrimonio que le dio muchos menos hijos que disgustos.

Ahora está obligada a esconderse en esa madriguera. A vivir entre escombros y silencios inmundos, en un estado de te-rror desesperado, rezando por el hijo muerto y por la hija condenada, por quien daría la vida si fuera a servir de algo.

*          *          *

Colección Enseres Personales, El Atrapamundos. Octubre 2010

 

Anuncios

Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
Esta entrada fue publicada en Otros relatos y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s