La danza del corazón

Malasia
DE NIÑA fantaseaba con triunfar en Bollywood. Después se conformó con sobrevivir en el cosmopolita ajetreo de Kuala Lumpur, adonde emigró con sus hermanos buscando hacer realidad alguno de sus sueños. Abandonó la tupida vegetación que protegía su aldea y se adentró en esa selva de hormigón, acero y avenidas asfaltadas, donde los rascacielos ocultaban el atardecer y las luces de neón dominaban siempre el horizonte.

En realidad, era una muchacha afortunada. La Naturaleza le había regalado muchos dones: belleza, ritmo, alegría, sensualidad, inteligencia…, y aquella gran ciudad la acogió con esperanza y oportunidades: primero encontró trabajo en un espectáculo de baile de un hotel copado por turistas extranjeros, en el que destacó por su especial gracilidad y el talento innato que tenía para expresar corporalmente la magia del sonido. Allí la descubrió Shaun Said, un guapo nativo de perfil suave, abdomen poderoso y ágiles danzares que dirigía el más innovador grupo folclórico malayo. Pese a las protestas iniciales de todos sus hermanos, Fátima Zubir se unió a la compañía: recorrieron el sudeste asiático interpretando esos mismos bailes que tanto había disfrutado cuando niña. Tribales, sugerentes, emotivos. Viajó también hasta Occidente, representando a su país, su gente y sus raíces en esos otros mundos que antaño había imaginado.

Era una joven feliz, sin más preocupaciones que vivir intensamente cada instante, ensayar las coreografías, bailarlas en directo y hacerse fotos, sonriente, con los espectadores. Bailaba con los pies descalzos y con el alma desnuda, perfectamente maquillada y ataviada con hermosísimos trajes de llamativos colores. En esos trances, por modesto que fuera el escenario, se sentía igual que una superestrella india. Pero el destino concede, caprichoso, sus requiebros. La convivencia con Shaun Said devino en atracción, y el guapo bailarín y director ocupó su corazón sin darle tregua. Ambos eran libres, jóvenes, amigos. Se enamoraron y, por timidez, aguardaron a que el otro diera el primer paso. Entre plumas, saltos, lanzas y tocados se dirigían lánguidas miradas llenas de ansiedad y encanto. Se sonreían siempre, aunque no supieron sincerarse.

Terminó la gira, se agotó el dinero y la compañía se deshizo. Fátima pensó que nunca volvería a verlo. Volvió con sus hermanos como una mujer nueva: más madura, segura y decidida. Más hermosa si cabe, aunque la melancolía la sumía con frecuencia en lapsos prolongados de silencio. Con todo, pronto encontró empleo en otro hotel: siguió bailando.

Sueña con que, un día, Shaun Said irá a buscarla y ella le dirá en cuanto lo vea que lo ama. Esta vez se atreverá, lo tiene claro. Ya no está dispuesta a perderlo para siempre.

*          *          *

Colección Enseres Personales, El Atrapamundos. Febrero 2010

 

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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2 respuestas a La danza del corazón

  1. La historia de esta chica es real?

  2. Es una historia imaginaria. Aunque, como siempre, parte de lo que podría ser posible.

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