Ratas en Venecia

Un intenso relato de desamor veneciano, publicado en El Atrapamundos en enero de 2009.

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VENECIA está llena de ratas. Qué poco conserva ahora mi ciudad del encanto de Bellini, Giorgione o Tintoretto; de la magia de Tiziano y de Vivaldi; de la aventura irresistible de Marco Polo; siquiera de tu amor, bambino mío. Mi ser vaga por los canales de la melancolía inundado de dolor, desequilibrado bajo el peso de tu ausencia, nadando en el recuerdo de ese beso esculpido frente a la luna mojada, de esos paseos de caricias silenciosas y pieles erizadas, de ambientes perfumados de humedad, sonrisa fácil y sexo compartido. Mi corazón aún busca tus abrazos en cada esquina sombría, en los puentes solitarios, en los rincones perdidos. Y solamente encuentra, una y otra vez, el charco suntuoso del pasado.

Ya casi no hay góndolas. De las quince mil que poblaban nuestra retícula acuosa apenas quedan cientos, folclóricas bastardas de turismo fácil, promocional y estético con las proas levantadas, airosas frente a la decadencia, emulando a las embarcaciones de los piratas normandos aunque desprovistas de agresividad y de esperanza. Lo mismo que tu amor.

Me calma pasear por la vieja fábrica de góndolas, junto a la iglesia de San Trovaso, donde los esqueletos de las barcas aguardan la reconstrucción sin ilusiones, de igual modo que yo me siento en las terrazas de la Plaza de San Marcos sabiendo que no regresarás, que no estarás conmigo, que en realidad no lo estuviste nunca, ni siquiera cuando nos besamos por primera vez en el puente de Rialto, con nuestras siluetas ondulantes proyectándose en el agua. Entonces recorro las calles anegadas de vacío, ausencia y deterioro, negándote con desesperación en los turistas que chapotean su miseria en mi ciudad fantasma.

Porque Venecia es una mascarada.

Lo mismo que tu amor: una serenata de egoísmo vestida de romance. Te susurré ‘para siempre’, y nunca devolviste mis susurros. Para ti, turista en mi ciudad, tan solo fui otra pasajera ocasional de tu menudo corazón con mustios sentimientos. Más enamorado del escenario que de mí, te dejaste besar como una máscara, tan aparente en color, vida y emociones como insensible detrás de tu apariencia.

Tu amor era Venecia, por eso la detesto. Porque ella me dio a ti en noble sacrificio. Ciudad romántica, tan cruel, traidora de los suyos. Está llena de ratas, Venecia, debajo de las aguas. Y ni siquiera tú te encuentras ya entre ellas.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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