El amor nómada

Una historia romántica ambientada en Hungría, incluida en la colección Enseres personales y publicada en octubre de 2008.

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Portrait of Old Man 2

LAZLO siempre regresaba a Budapest. Abandonó la Keleti Pályaudvar diluido entre la procesión de amistosos ciudadanos que habían elegido la estación ferroviaria del Este para regresar a la Perla del Danubio. La monumental ciudad lo acogió como era su costumbre: distante, fría, cansada, con esa expresión de rica viuda que ha perdido la belleza, pero no el deseo, y aguarda resignada la acción del cirujano para recuperar la juventud perdida.

El campesino magiar recorrió a pie las largas avenidas que lo condujeron al Erzsébet Hild, cruzó el puente con su andar cansino, los ojos anclados sobre la masa turquesa del segundo río más largo de Europa. Inspiró, y el oxígeno se le quedó en los labios, hojaldrado, mientras los recuerdos le apretaban la garganta y la ansiedad le obligaba a hacer un alto para sobreponerse. Una brisa tibia le animó a seguir, evocadora, hasta alcanzar la orilla del gran río. Una vez allí se acomodó frente a la primera arcada del puente tomando asiento sobre el urbanismo; cerró la mirada, se concentró en el rumor de las aguas, en el aroma a vida, en la humedad relativa del ambiente, y cumplió el motivo de aquel viaje: su amada lo abrazó de nuevo, intangible, y la revivió en la puerta de la carnicería como la primera vez, diciéndole Csókolom (¿le beso la mano?) con su encantadora y enigmática sonrisa, todopoderosa y fascinante. Rememoró el pañuelo púrpura sobre su cabello negro, largo, liso, luminoso como las noches estrelladas; así como el corpiño rojo, la falda y el delantal en que flotaban infinitos pañuelos de todos los colores. Recuperó su mirada, embaucadora, femenina, tan cálida y distante que contagiaba vida. La vio bailar, moverse entre los transeúntes y, tras presentarse (me llamo Nora, ¿y tú?), conversaron divertidos. Entonces era joven, fuerte, gallardo, decidido. Compartieron un amor audaz, furtivo, intenso. Fascinante. Tan bello que no pudo olvidarlo.

En aquel tiempo solía encontrarla en Budapest siempre que iba, cuando la esclava vida agrícola le concedía permiso y él viajaba hasta la capital cargado de esperanzas, enamorado de esa ruta de más de cinco horas que le devolvía el alma. Porque en cada reencuentro intercambiaban el amor con ansias encendidas, bajo la noche iluminada por esa pasión cie-ga alimentada por la ausencia, la emoción y la distancia.

Pero ella era una zíngara. Una amante nómada.

En uno de los viajes no logró encontrarla. Tampoco en el siguiente. Ni en el consiguiente ni en el posterior.

Lazlo, el campesino, no se ha resignado. Aunque han transcurrido ya veintitrés años, ha tomado otra mujer y formado una familia, una vez al año vuelve a Budapest en busca de la zíngara.

Y Nora nunca está.

 

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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