El azar de la pintura

Six brushes with paint

 

Es más fácil llegar que mantenerse, pero para Damián Eirós, pintor de bien ganada reputación internacional, lo más difícil era mantenerse sobrio. Porque un artista, por mucha creatividad y talento que atesore, es tan ser humano como el charcutero, la maestra o el limpiacristales, y lo cotidiano le afecta, por lo menos, de igual modo.

Damián cayó en coma vital aquella tarde, cuando sorprendió a su esposa en el diván chupándole los pies a un tipo calvo, pintor de brocha gorda y uñas largas para colmo. Ahora convivía con el vacío existencial, el desgarro y la emoción espontánea que siempre había ansiado reflejar en sus trabajos. Porque él era un expresionista abstracto, al modo de Pollock, de ésos que salpican con pintura la superficie del lienzo sin orden ni concierto, en aras de captar la dramática expresión del proceso creativo. También convivía desde entonces con Antonia, su bien templada madre pese a las setenta primaveras que ya no cumpliría, mujer de porte gris, fibrosa compostura y recia subsistencia.

Después de aquel suceso, Eirós se aficionó al aislante etílico. Manejaba las botellas como antes los pinceles, expresando a garganchón sus sombrías pulsiones e inquietudes mientras su mujer dejaba de tenerlas en brazos de su, ya oficialmente, nuevo amante. Y así, Damián llegaba ciego a casa cada tarde, destapaba un lienzo sobre el caballete, se arremangaba intentando mantener el equilibrio, mojaba el pincel… y ni siquiera acertaba en otro sitio que no fueran las paredes. Después se recostaba, mataba la memoria y se dormía, vencido, ajeno a la desgracia, al arte y al destino. Antonia entraba en el estudio al cabo de unas horas, lo arropaba delicadamente, mojaba los pinceles en los botes de pintura más cercanos e improvisaba movimientos agitados hasta que el lienzo se poblaba de colores.

Entonces desaparecía, lavaba bien sus manos para borrar pistas y dejaba que el pintor curara la resaca con descanso, rogando al Santo Padre que su hijo recobrara pronto el equilibrio.

Al cabo de seis meses, Damián expuso en Nueva York su «Drama interno», con éxito de público y crítica excelente. Se equivocaron de drama, pero los espectadores percibieron la intensidad emocional de aquellas manos, tan ancianas, blandiendo los pinceles.

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[Relato escrito y publicado para la revista IDN. Enero 2007]

 

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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