El león vuelve a rugir

Big lion showing who is the king (focus on teeth)

Hoy es un gran día. Lo que parecía una utopía hace poco más de una semana, la salvación del Real Zaragoza, es a todos los efectos una realidad. Ha sido, sin duda, un culebrón surrealista que nos ha mantenido con el corazón en un puño a todos los zaragocistas, así como a muchos zaragozanos y aragoneses, incluso a no pocos españoles, que han sabido comprender la dimensión del problema.

Se morían 82 años de historia, el sentimiento de muchísimas generaciones, de un pueblo, de una gran comunidad unida por un vínculo emocional irrenunciable. Iba a desaparecer la principal marca aragonesa, la que ha contribuido como ninguna otra a dar a conocer nuestra tierra en buena parte del mundo; un motor económico esencial para muchos ciudadanos cuyos ingresos, directamente o no, se benefician de la presencia en la élite del fútbol zaragocista. No estoy hablando solo de los futbolistas —que, todo sea dicho, han venido cobrando cifras astronómicas sin devolver a cambio la calidad, el compromiso, la implicación y la rasmia debidos—, los técnicos, los directivos ni los intermediarios que, desde luego, son los que menos lástima dan en este asunto. Me refiero a los empleados del club (utilleros, vendedores, porteros, jardineros, administrativos, etc.) que llevaban varios meses sin cobrar sus nóminas modestas. Me refiero a los esforzados propietarios de los bares del entorno de La Romareda, cuyos negocios se alimentan de las consumiciones de los días de partido televisado o en directo; de las tiendas de chuches, de los puestos ambulantes que venden bufandas y vuvuzelas, de los periodistas, incluso de las tiendas de souvenir del entorno de la plaza del Pilar que ven como las aficiones rivales, de paso por nuestra ciudad el día del partido, adquieren allí sus recuerdos y regalos. Podría seguir enumerando negocios, grandes y pequeños, que se benefician del fútbol de élite: alojamientos, transporte, gasolineras, administraciones de lotería —a través de las quinielas—… o recordar que los impuestos obtenidos por las arcas públicas en conceptos como el IVA o el IRPF nos benefician a todos. También podríamos recordar que la desaparición del club suponía el impago de muchos millones de euros, por ejemplo a Hacienda (que somos todos) y a numerosos empresarios aragoneses de todos los tamaños y sectores. Está claro pues que, solo económicamente, era un problema mayúsculo.

Si a ello le unimos el ingrediente emocional de la historia y el amor a unos colores no es de extrañar que 15.000 aragoneses se concentraran el jueves 17 de julio en la plaza del Pilar para expresar su demanda de una solución viable. Solución que empresarial e institucionalmente ya se estaba gestando pero que precisaba de ese gran respaldo social y ciudadano para obtener el definitivo espaldarazo que allanara su camino.

Nuestro Real Zaragoza va a volver a competir. La Fundación 2032 es una alternativa solvente, responsable, nuestra, integradora y francamente ilusionante. De su mano llegará la unión y el apoyo de todo el zaragocismo. El presente va a seguir siendo complicado, pero juntos podemos avanzar hacia un futuro positivo.

Un león azotado por las hienas

LöweHa sido, desde luego, un final de infarto para un guión tan surrealista que, de no haberlo vivido, nos parecería inverosímil. Fijaos cuál ha sido el argumento de la película de los últimos ocho años de nuestro león: unos políticos deciden jugar a los negocios y controlar un club de fútbol, ponen a un empresario de su cuerda al frente del mismo en beneficio propio, riñen con él, el cual se independiza y, al tiempo que empiezan a fallar sus otros negocios, descubre el encanto mercantilista de la compraventa de jugadores. Hace sus trapicheos impunemente, igual que un rey de taifas que no acierta ni una, hasta arruinarlo. Aislado socialmente y arrinconado jurídicamente por sus otros desmanes políticoeconómicos, entrega el club en quiebra a un grupúsculo de comisionistas aragoneses por cincuenta mil euros a toca teja y el cobro futuro de nueve millones de euros, nadie sabe bien en qué concepto. Estos recién llegados, que inicialmente eran nueve, poco a poco se van quedando en cuadro conforme se van dando cuenta de las sombras de este negocio tocomocho, que no es otro que endosar el Real Zaragoza a un fondo árabe, ganándose sus buenas perras. La pega es que el tal fondo es una estafa, y así transcurren los días tratando de colocarlo sin éxito al mejor postor: mexicanos, alemanes y cualquier mercachifle que pueda sacarlos del embrollo. Hay frikis foráneos que se autoerigen en adalides salvadores del zaragocismo, que presumen de pudientes y enarbolan su talonario hasta el hartazgo, pero que a la hora de ponerlas no sueltan más que excusas. Cuando el león agoniza, atacado por las bandadas de hienas que quieren terminar de devorarlo, los buenos llegan y le devuelven la vida. Herido, famélico, traumatizado y con profundas huellas producidas por tanto sufrimiento, se levanta con orgullo y renace su rugido como antaño: rampante, glorioso, regio y envolvente. El plano se funde a negro, termina la película. Continuará, eso es lo importante. Ha resurgido el león. Con más hambre que nunca.

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Acerca de michelsunenmontorio

Escritor, publicista y profesor de oratoria.
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